En memoria de mi amigo Guido Salvatierra

           El pasado 15 de junio de 2020 Guido Salvatierra Zabala, un gran amigo de toda la vida, falleció como consecuencia del nefasto Covid-19. Tras dos semanas de heroica lucha contra el virus, su fuerte organismo no pudo aguantar más y Dios se lo llevó.

           Nacido en Santa Cruz de la Sierra el 5 de octubre de 1939, Guido desde joven manifestó su genio para los negocios. Comenzó con asombrosa intuición a generar excelentes emprendimientos, justo cuando el Oriente inició su desarrollo y el negocio se expandió en forma exponencial. Luego diversificó productos e hizo importantes inversiones inmobiliarias. Todo en Guido fue exitoso y manejado con pulcra transparencia, nada tenía que ocultar. Guido fue un genio de los negocios, comparable en iniciativa y talento con otros pioneros cruceños del pasado. Al igual que ellos, Guido contribuyó decisivamente para que el departamento de Santa Cruz pase a ser el motor económico de Bolivia y no la quinta rueda del carro.

           Dejando de lado sus triunfos como exitoso emprendedor e inversor quedaba lo más importante del entrañable amigo: la faceta humana. Guido y su esposa Charito hicieron mucha obra de ayuda y caridad, pero siempre anónimamente. Cumplían así el precepto bíblico de dar sin alharaca y esperar solo la recompensa divina. Por otra parte, Guido no gustaba de la publicidad, nunca aparecía en las páginas de sociales ni tampoco alardeaba de nada. Su vida era sencilla, modesta. Quien lo trataba por primera vez quedaba encantado con su forma de ser, algo muy raro entre magnates y millonarios, pero que fue la característica esencial de Guido Salvatierra o “Guidacho”, como también afectuosamente se lo llamaba. Conocí a Guido en la primera juventud por el vínculo con su hermano menor, el también recordado Erwin (“Pungui”) que fue mi compañero en el Seminario Obispo Santistevan, donde cursé la escuela primaria antes de partir al exterior. Al venir en las vacaciones de verano al poblado natal, nos hicimos cada vez más amigos con Guido. En el interín, tuvimos que sufrir la pérdida de Pungui en un accidente de motocicleta.

           Si hay algo que puedo aseverar con firmeza absoluta es que Guido no cambió nunca. Fue siempre el mismo hombre sencillo y bueno que conocí desde cuando él era un joven que soñaba, hasta cuando llegó a ser uno de los más grandes empresarios del país. Casado con Rosario Torrico tuvo tres hijos: dos mujeres (Maria Elisabeth y Ana Lilian) y un varón. El hijo mayor Guido Antonio (“Guidi”), economista y administrador de empresas, ha seguido -con similar éxito al padre- una notable carrera empresarial. Asimismo, heredó la modestia, calidad humana y virtudes morales de sus progenitores.

           Guido no era muy “amiguero”, tenía sí un pequeño grupo de la “vieja guardia”, entre los que podemos citar a Guillermo Weise, Ricardo Bowles, Hermes Chávez, Walter Kuljis, Gastón Guillaux, el suscrito y otros pocos más. Junto con sus sobrinos y los amigos de Guidi participábamos de gratísimos momentos cuando nos reuníamos en una vieja casona bautizada como “La Mansión”.

           La vida entre nosotros sin Guido Salvatierra nunca volverá a ser la misma. Como consuelo, imagino que en el Cielo ya ubicó amigos que lo antecedieron y con beneplácito divino está organizando lindas reuniones en la Mansión de la eternidad. Allí, con certeza, estaremos reunidos nuevamente cuando el Señor nos convoque. Querido Guido: jamás serás olvidado, estarás para siem-pre en este corazón y en mis entrañables recuerdos.

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Publicado en Fecha: 26 de julio del 2020
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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