Urge consensuar temas económicos y financieros

           Los líderes de la Unión Europea (UE aprobaron el pasado mes de julio un notable acuerdo con miras a la recuperación de las economías afectadas por el Covid-19 y pandemia subsiguiente. La UE subvencionará a los países más debilitados del área de integración y se endeudará en miles de millones de euros para recuperar el crecimiento. Vendrá ahora la confirmación del pacto por los respectivos parlamentos, proceso que se espera sea breve.

           Y mientras algo tan positivo sucedió en el viejo continente (que representa en conjunto a la segunda economía mundial) en nuestro país -con una economía mucho más pequeña y mucho menos compleja- las autoridades no se ponen de acuerdo casi en nada. Siguen los problemas y éstos se van acumulando por la falta de decisiones concretas o por el “impasse” entre poderes legislativo y ejecutivo. Un claro ejemplo es el tema de los diferimientos de créditos, que al no disponer hasta ahora de una definición concreta, ha sembrado incertidumbre entre las propias entidades financieras y sus deudores. Como es sabido, se pretende extender dicho diferimiento hasta diciembre por un proyecto de Ley ya aprobado en Diputados y que pende como una especie de espada de Damocles que no se sabe al final hacia que lado apuntará. En la Asamblea Legislativa hasta ahí por ahora llegó la cosa, no se sabe que pasará en el Senado y de su lado, el Ejecutivo no dijo ni “mu”. Todo lo demás es especulación y eso no es bueno. De la misma manera, hay otros temas tales como la aprobación parlamentaria de los préstamos internacionales y el nuevo bono de 500Bs, condicionado a que esa aprobación se concrete.

           En el asunto tan sensible del diferimiento de créditos, hay que procurar un equilibrio. No puede dejarse a los bancos en la estacada cuando esas entidades deben cumplir con sus ahorristas, pagando intereses y protegiendo el dinero de los depositantes. Por otro lado, la pandemia provocó graves distorsiones entre diversos sectores productivos y comerciales que con un poco de ayuda podrán cubrir sus obligaciones crediticias sin entrar en colapso. Por tanto, se justifica el diferimiento, pero fijando plazos razonables, sin demagogias, en marcos flexibles y consensuados previamente entre el sistema financiero en su conjunto con el Banco Central y las autoridades pertinentes. Este tipo de problemas no se soluciona con la simple aplicación dura de una disposición legal. Si se procede así, muchos podrían salir lastimados. Tiene que haber previamente diálogo y concertación para lograr una "dieta balanceada" que no comprometa la estabilidad macroeconómica del país.

           Creemos con ánimo constructivo que el Ministerio de Economía y el Banco Central tienen a su alcance un conjunto de medidas paliativas y de estímulos que pueden fortalecer al sistema financiero y compensarlo, para que de esa manera soporte el diferimiento de créditos hasta diciembre, pero todo debe hacerse con visión global y acuerdos positivos, sin que medien razonamientos sesgados o, peor, esperar el garrote para luego ver qué se hace. Mucho perjudica al país la pugna entre un Órgano Ejecutivo que quiere gobernar y un Órgano Legislativo que persiste en una oposición ciega, generadora de problemas y trabas.

           El ejemplo europeo nos demuestra que con voluntad dialogadora, más algo de talento e imaginación creativa, los problemas se resuelven. Una vez se cuente con bases económicas estables que generen fuentes de empleo y se hayan superado álgidos problemas de coyuntura, se podrá pensar en actividades partidarias y electorales. Ahora prima el interés nacional.

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Publicado en Fecha: 04 de agosto del 2020
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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