El agua: elemento esencial para la humanidad

           El agua hace rato que está de moda en el mundo. Inclusive se habla de la posibilidad, en un futuro cercano, de conflictos bélicos por el control de los recursos hídricos. Dejando de lado el aire que respiramos –y que de quedarnos sin él por más de tres minutos perderíamos la vida– el agua es el segundo elemento más precioso para la sobrevivencia humana; unos pocos días sin agua bastan para morir. Además, conviene tomar nota de que hasta nuestro organismo está formado mayoritariamente por agua. El agua, siempre el agua, está presente en todos los aspectos de la vida y de nuestras actividades.

           El tercer planeta del sistema solar en realidad debería llamarse agua, ya que ésta controla el 75% de su superficie. Pero, claro, mayoritariamente es agua salada y de poco sirve para las necesidades corrientes del ser humano; aún hoy en día el proceso de desalinización sigue siendo costoso. Para todos los fines que no sean navegación marítima, pesca y algunos usos exclusivos, la gente utiliza solamente el agua dulce y ahí comenzamos a tener problemas, particularmente en regiones donde los recursos hídricos escasean o son mal aprovechados.

           El agua ya está faltando en varios lugares. Como simple ejemplo, la frontera entre Texas y México muestra la dinámica de una crisis que también se extiende por otros lejanos parajes. El límite binacional es a vez el hogar del Río Grande, un río muy amenazado que fluye a través de una zona estadounidense de rápido crecimiento. México y Texas necesitan el agua del Río Grande para apoyar el desarrollo de ciudades fronterizas en expansión y de sus economías agrícolas. Si el Río Grande se agota, habrá que buscar aguas subterráneas, pero he aquí que entre EE.UU. y México no hay un mapa común de flujos acuíferos en el subsuelo compartido y tampoco ningún acuerdo sobre manejo de aguas bajo tierra. Surge aquí un tema geopolítico que podría llegar a ser conflictivo en el futuro.

           Escenarios similares se ven en lugares diferentes y bajo distintas situaciones. La represa hidroeléctrica que se construye en Etiopía sobre el Nilo podría reducir los flujos hacia Egipto hasta en un 25%, creando un verdadero "casus belli" entre los dos países. El 85% del agua utilizada en Egipto proviene del Nilo y los expertos pronostican una inminente escasez una vez concluida la represa aguas abajo. En Ciudad del Cabo (Sudáfrica) la crisis del agua es recurrente y se forman largas filas para abastecerse del precioso elemento. Para concluir con los ejemplos, veamos el colmo de los colmos. En Manaos, capital del estado brasileño de Amazonas y ciudad asentada sobre el rio homónimo -el más caudaloso del mundo- hay un problema permanente de agua potable y para saneamiento básico en varias áreas, tanto urbanas como suburbanas. Este paradójico caso de una ciudad con abundante agua disponible y que a su vez no tiene agua, prueba una vez más que el tema de la carencia de recursos hídricos mucho tiene que ver con su mala administración, más allá de la escasez concreta del fluido, que sí puede existir y de hecho existe en otras latitudes.

           Entre los países miembros de la Organizaciòn de las Naciones Unidas (ONU) muchos comparten algún río o lago con otro estado, pero muchas veces sin acuerdos internacionales que puedan servir de base común para lograr entendi-mientos. La lucha por el agua puede apartar a las naciones o unirlas.

           Aunque América del Sur ocupa apenas el 12% de la superficie terrestre, el continente genera alrededor del 28% de los recursos hídricos. Y eso, para una población que no alcanza el 6% del total planetario. En otras palabras, somos una región –salvo algunas zonas áridas– bendecida por la abundancia de agua. Otra cosa es que no la sepamos aprovechar. El agua sudamericana proviene de las grandes cuencas (Amazonas, Plata, Orinoco, Magdalena, San Francisco), del subsuelo, de los gigantescos glaciares australes, de los abundantes deshielos cordilleranos y de varios lagos, resaltando entre ellos por su extensión el lago Titicaca. El agua, entonces, en nuestra región ya la tenemos en forma de “stock” abundantemente. A ello debemos agregarle la forma de “flujo”, o sea, las precipitaciones pluviales anuales. Ellas son de un promedio elevado y nos aseguran pleno abastecimiento del precioso líquido que resulta ser, por tanto, un recurso natural renovable.

           América del Sur y Asia son las regiones que mayores recursos hídricos poseen en el contexto mundial, con 12.000 y 13.500 Km3 respectivamente. El valor medio de las precipitaciones sudamericanas alcanza los 1.600 mm anuales, equivalentes a 28.400 Km3; no obstante, su distribución sigue un patrón sensiblemente heterogéneo, determinando que un 23% de la superficie regional esté configurada por zonas áridas Pese a ello, según los expertos en el tema y tomando indicadores de “stress hídrico” por habitante/año con proyecciones de población para el año 2050, Perú sería el único país de la región con problemas potenciales de disponibilidad de agua en el corto plazo.

           Sudamérica genera una disponibilidad promedio regional de agua dulce es-timada en 30.000 m3 por habitante. Es una cifra impresionante, pero también hay que recordar que mucha gente en el continente permanece con problemas de acceso al agua, no cuenta con servicios sanitarios básicos y sufre de la falta de agua potable, lo que crea dramáticos problemas de salud pública. Se calcula que más de 100 millones de sudamericanos se encuentran sufriendo por falta de agua bajo alguna de sus modalidades. En un continente con tanta abundancia acuífera, esto es una cruel paradoja, que nos demuestra claramente -lo reiteramos una vez más- que en muchos casos el problema del agua no es su escasez sino su mala administración. En conclusión: al agua hay que cuidarla y mantenerla con buenos métodos de gerencia y usos racionales, eso es lo básico.

           El agua no solo nos provee vida, también es factor esencial en la industria, en la agropecuaria, en el comercio y hasta en los transportes. Por lagos e hidrovías a lo largo y ancho del orbe se acarrean productos de toda naturaleza. El agua hay que cuidarla, aunque parezca siempre abundante. En Bolivia tenemos mucha agua por deshielos cordilleranos, lagos, grandes ríos y lluvias naturales; aun así sufrimos su escasez en varios lugares y casi siempre ello es debido a la mala administración o a las malas costumbres de la gente, que muchas veces desperdicia el agua en menesteres baladíes sin darse cuenta de que estamos tratando con un elemento precioso para la existencia diaria y para la actividad humana en general.

           En conclusión y hablando de agua, sobre la base de datos internacionales confiables, conviene saber que para que un kilo de papa llegue al mercado ya se consumieron previamente 1.000 litros de agua; para que usted tenga un kilo de maíz en sus manos se gastaron 1.400 litros; para una gallina 3.950 litros y finalmente, antes de poner un kilo de carne en el asador o en la parrilla de sus hogares, recuerden que para llegar éste a sus mesas se han consumido con anterioridad -en la res del cual ese kilogramo formó parte en vida- nada menos que ¡42.000 litros de agua!

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Publicado en Fecha: 28 de octubre del 2018
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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