Larguísimas transiciones presidenciales

En el hemisferio occidental los países son republicanos y -por lo menos formalmente- partidarios de la democracia. Tienen regímenes presidencialistas, con un ejecutivo limitado por el orden legal interno propio de cada estado y por el equilibrio de poderes. La única excepción es Canadá con su parlamentarismo; es decir, coexisten un Primer Ministro (PM) como jefe de gobierno y un jefe del estado. El sistema parlamentario -común en monarquías democráticas y repúblicas europeas- nunca caló en América donde se impuso el presidencialismo. En Latinoamérica surgió una variante perversa: el caudillismo dictatorial o prorroguista.

En el continente americano las transiciones presidenciales tienen exagerada duración. En Estados Unidos las elecciones son el 4 de noviembre y la po-sesión del nuevo mandatario el 20 de enero. En Bolivia, hasta hace unos años las elecciones eran en mayo y la ascensión al mando el 6 de agosto, tres meses después. Desde el 2006 no hay transiciones presidenciales en nuestro país. El actual ocupante del Palacio Quemado -ganó con legitimidad tres elecciones consecutivas- pretende candidatear nuevamente violando normas constitucionales, pese a que el pueblo -máxima expresión soberana- le dijo “No” en el referendo del 21 de febrero de 2016.

En Chile el plazo entre segunda vuelta y toma del mando lleva varios meses. Recién el 11 de marzo asumirá Sebastián Piñera. Así sucesivamente, las transiciones en esta parte del mundo son muy largas, no sé por qué. Algunos malpensados dicen que es el margen “extra” para poder “limpiar” la casa. Otros afirman que es el tiempo necesario para dejar todo ordenado y favorecer a la administración entrante. No son razones convincentes.

En Europa las transiciones son cortas, inclusive en gobiernos donde prima el presidencialismo, aunque exista un PM. Es el caso francés: el nuevo ocupante del Elíseo entra al Palacio en solo diez días. En Gran Bretaña -meca del régimen parlamentario- de haber un voto del Parlamento en contra del PM, de inmediato se convocan elecciones. Si los resultados le son negativos, el PM derrotado deberá mudarse en el día de la residencia oficial de 10 Downing Street en Londres; la mañana siguiente entrará el nuevo PM, no hay tal espera ni transición. Del extremo inglés a la media europea la diferencia es mínima; allí los procesos son breves, como debe ser. Tal vez llegó la hora para las Américas de abreviar sus larguísimas transiciones presidenciales.

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Publicado en Fecha: 25 de febrero del 2018
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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