Segunda flota y naves rusas en el Atlántico

           Las acciones norteamericanas durante la "Guerra Fría" (1945-1991) con-tra la ahora inexistente Unión Soviética se basaron en un implacable cerco geopolítico alrededor del gigante comunista. El "corralito" se posibilitó con el apoyo de los miembros de la Organizaciòn del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en particular Turquía, aliado clave por su proximidad al rival. Bases militares y alianzas adicionales permitieron que Washington mantenga su "apriete" sobre la súperpotencia terrestre, de suyo con una geografía muy complicada y que limita su acceso hacia aguas internacionales. Jamás se cum-plió el viejo sueño zarista de alcanzar aguas cálidas o templadas.

           Al extinguirse la Unión Soviética se formaron 15 repúblicas. La Federa-ción Rusa heredó en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas su puesto permanente con derecho a veto. Los primeros gobiernos norteamericanos pos-teriores al colapso soviético se mostraron abiertos a una nueva era de coopera-ción. El comunismo no era ya problema, podían ser socios con los rusos. Sin embargo, prevaleció una miope visión. Inclusive creció la irritante política del cerco: la OTAN llegó hasta el borde mismo de Rusia al incorporar ex satélites de la URSS. Caído el débil régimen de Yeltsin, Vladimir Putin se propuso re-constituir Rusia y aprovechó su capacidad energética para resurgir tras el des-orden de la transición del comunismo hacia un régimen que primero intentó ser democrático y terminó en autoritarismo. Las encuestas señalan una alta tasa de apoyo para la prédica de Putin de "reconstituir" la grandeza rusa. De esa ma-nera se explica la absorción de Crimea y el tema de Ucrania, que por siglos fue parte del imperio zarista y luego de los soviéticos.

           Ante lo que considera permanentes gestos inamistosos de Estados Uni-dos y de la OTAN en las cercanías de sus fronteras, Rusia -pese a sus limita-ciones económicas- reforzó su fuerza naval. Asimismo, la fuerza aérea está siendo modernizada para poder competir con el F-35 de EE.UU. Se han pro-ducido varios incidentes entre aviones y barcos rusos con homólogos norte-americanos cerca de zonas bajo influencia de Moscú. Incidentes similares segui-rán ocurriendo. El Kremlin -a sabiendas de su inferioridad- viene reciprocando con la audaz y provocativa incursión de sus buques en el Atlántico. No habrá guerra, pero continuará un juego peligroso. Los rusos no desean que EE.UU. merodee alrededor de sus fronteras pero Washington parece determinado a sí hacerlo. Tras una breve primavera, es un hecho que en los últimos años ha re-surgido un nuevo tipo de guerra fría, no con la intensidad de la anterior pero como Occidente parece que aún mantiene la obsoleta doctrina de "parar al oso ruso", he aquí que el oso reacciona y lo hace con fuerza. Crimea, Ucrania y la intervención de Moscú en Siria, son algunas pruebas de ello.

           Por otro lado, hace unos meses EE.UU. decidió rehabilitar a la Segunda Flota. El Pentágono le instruyó lo que hizo antes: proteger el Océano Atlántico Norte, pero esta vez con la misión fundamental de controlar y vigilar la cons-tante presencia rusa en esas aguas, situación que no se daba desde las peores épocas de la extinta guerra fría. La Segunda Flota supervisará el paso de los barcos que naveguen entre la costa este de EE.UU. y el mar de Barents. Esta revivida flota refleja la creciente competencia de EE. UU. con el Kremlin y hasta con Beijing, aunque con este último las acciones por el momento están centradas en el Mar Meridional de la China, lugar donde permanece otra flota norteamericana que afirma "proteger" la libre navegación comercial en esa es-tratégica zona. La presencia naval estadounidense en la zona viene generando tensiones que repercuten en las relaciones bilaterales sino-americanas.

           Por correlación de fuerzas, la marina estadounidense supera de lejos al conjunto Rusia-China y es la armada más grande que el mundo haya visto ja-más; tiene 20 portaaviones y 415 navíos de guerra. El Kremlin posee sólo un portaaviones y Beijing tres. Aún así, Rusia con sus 61 submarinos -algunos nucleares- y 80 corbetas capaces de alcanzar velozmente grandes distancias, hace rato que ronda cerca de las costas norteamericanas, preocupando a Wa-shington. Por su lado, China sigue incrementando su presencia naval y pronto lanzará nuevos portaaviones. Los dos procesos sigue su curso en los respecti-vos océanos y en cualquier momento podría. ocasionar situaciones graves. Hasta el presente, parece que sólo se trata de juegos estratégicos de amenazas mutuas o del gato y el ratón... Ojalá sigan así y sin que se produzca ningún en-frentamiento real que podría conmocionar al mundo.

           

           

           

           

           

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Publicado en Fecha: 14 de octubre del 2018
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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