Necesidad de una Policía Acústica

Pasó por acá -sin que nadie se entere- el pasado 26 de abril el Día Internacional de la Concientización contra el Ruido. Existe una campaña global que alerta sobre los peligros del bullicio. Grandes ciudades otrora ruidosas se sosegaron mediante la vieja fórmula garrote-zanahoria, usada con firmeza por sus autoridades. En Madrid y en otros lugares de España se dispone de una Policía Acústica que vela por el descanso nocturno de la gente. Mientras esto sucede, hay otros sitios en el orbe que cada vez hacen más ruido, tal el caso de Calcuta y de la que puede ser pronto su gemela sudamericana, nuestra Santa Cruz de la Sierra. Sí, así es, no hay que cegarse. Se parecen mucho ambas, no sólo en su bullanguería endémica sino en suciedad, desorden y falta de sentido comunitario, agregando marginalidad, contrastes socio-económicos con modernidad y atraso lado a lado, etc. Estamos más cerca de la urbe india que de Ginebra o Copenhague. La única verdad es la realidad.

Acá se producen ruidos extremos por falta de educación, prevención y por no aplicarse sanciones duras de naturaleza disuasiva, Bocinazos, parrandas, petardos, locales nocturnos sin control y demás excesos, configuran una bulla imparable que perturba la tranquilidad. Las estridencias nocturnas son las más angustiantes por no poder dormir, derecho humano básico. Teóricamente la Secretaría de Medio Ambiente de la H.A.M. es quien controla los excesos de decibeles, pero parece que le recortaron atribuciones. Por ejemplo, ya no recibe quejas telefónicas, hay que enviar carta escrita. Esa entidad tampoco tiene capacidad para aplicar multas directas o cerrar negocios por desobediencia de normas establecidas. So pretexto de los “derechos” de los desaprensivos dueños de locales ruidosos, los que mandan se olvidaron de los derechos de los dos millones de seres que cobija la urbe.

Un local (“Monte Verde”, Radial 17 ½ y Cuarto Anillo) periódicamente agobia con ruidos hasta el amanecer. Pese a las denuncias está cada vez más bullicioso; por razones misteriosas goza de impunidad. Lo mismo sucede con otros boliches. Por eso urge la creación de una Policía Acústica que nos proteja y tenga capacidad operativa plena. La Policía Boliviana está ahogada en su centralismo andino, que la vuelve inoperante para muchos casos locales; la Gendarmería no actúa y la Secretaría de Medio Ambiente pasó a ser casi decorativa. Una Policía Acústica efectiva es lo que se precisa, junto con educación constante sobre los males del ruido ¿Se hará algo? Aunque los intereses en torno a la bulla nocturna son enormes, confiemos en que las autoridades municipales hagan lo que deben hacer.

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Publicado en Fecha: 14 de mayo del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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