No amarás a tu prójimo, sí lo ensordecerás…

Ya expresé antes que con respecto al ruido existe una relación inversa entre país desarrollado y subdesarrollado. Por citar sólo dos ejemplos, fíjense que tanto en Palm Beach (EE.UU.) como en cualquier despacho de una aerolínea al estilo de la alemana Lufthansa, se percibe orden, pulcritud y silencio. Pasen de esas latitudes a las nuestras, observarán lo contrario: mostradores y salas de embarque con desorden y griteríos de toda naturaleza, no faltando en algunos casos guitarristas improvisados más otra parafernalia generadora de altos decibeles. Pasemos de Palm Beach (o de alguna ciudad belga, suiza, holandesa, noruega, etc.) a Santa Cruz de la Sierra y acá tenemos el paradigma subdesarrollado del ruido, con linderos muy pero muy cercanos a lo peor de lo peor.

El mal ejemplo viene desde jardines de infantes, escuelas y colegios, con sus bulliciosas "kermeses" que aturden al vecindario. Ya desde la infancia sus propios educadores acostumbran mal a los niños… Sigue el “show” del ruido con jóvenes estacionados en las calles descargando todo el poder de sus "woofers" sobre la sufrida gente, terminando con estruendosos bocinazos en cualquier parte y por cualquier razón baladí. El ruido forma parte de lo cotidiano en la capital oriental y empeora la calidad de vida. Es más, al no haber sanciones ni prevención, los bulliciosos aumentan cada vez más.

Ni hablar de fiestas privadas, locales de “eventos” y otros centros estridentes al aire libre que operan sin ningún control. Mientras en otras latitudes se pide permiso al vecindario para organizar una fiesta y se establece un horario razonable para su finalización, acá –sin previo aviso, sea feriado o día laborable– ponen música a cualquier hora y con el máximo de volumen... Total, que el vecino reviente o se aguante, pues si se queja lo más probable es que una turba de ebrios fiesteros lo amenace o -en el mejor de los casos- ignorarán sus pedidos y en represalia por el reclamo pondrán la música aún más fuerte para seguirlo martirizando hasta el amanecer. Los irresponsables se justificarán diciendo que son “alegres” y los quejosos unos “amargados”...

Esto pasa en toda la ciudad, en todos los barrios, en todas las escalas sociales y todos los días. En Santa Cruz de la Sierra el ruido es hoy por hoy una pésima costumbre arraigada, tal como la de tirar basura en cualquier parte o pintarrajear la ciudad por “diversión”. Aún nos falta mucho para aprender a vivir en comunidad y con respetos mutuos. Además, no existen controles adecuados para evitar excesos. La Secretaría de Medio Ambiente de la HAM rara vez actúa y casi nunca sanciona.

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Publicado en Fecha: 08 de enero del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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