África: sufrimiento y esperanza

El continente africano –segundo más extenso del planeta- pese a ser el lugar de origen del Homo Sapiens sigue plagado de epidemias y endemias, desnutrición, conflictos civiles e intervenciones foráneas. El continente tiene 54 países y supera mil millones de seres. La descolonización -particularmente del área subsahariana- cobró impulso tras la Segunda Guerra Mundial. Varios países europeos concedieron pacíficamente la independencia. En otros casos eso se logró luego de enfrentamientos.

El país más joven del continente es Sudán del Sur, aceptado como miembro de las Naciones Unidas en 2013. El 26 de octubre de 2012 escribí una nota al respecto del feliz desenlace del referendo independentista en esa región y me contagió además el optimismo de mi amigo Harold Olmos, quien opinó que África sería una “nueva fuerza emergente”. Hasta el momento lamentablemente no es así. El propio Sudán del Sur está plagado de conflictos internos, pese a disponer de abundante petróleo como base de su viabilidad. En Nigeria impera el grupo terrorista Boko Haram; Chad, Togo, Sierra Leona, el Congo (ex Zaire) y el Congo Brazzaville se despedazan entre sí o son objeto de la codicia extranjera por sus recursos naturales. Recordemos la matanza de hutus y tutsis de 1994 y en Sudáfrica el racista apartheid, superado ese mismo año con la llegada al poder del mítico Nelson Mandela. Somalia es un estado fallido plagado de piratas. Dolencias endémicas como el SIDA, la malaria y el ébola asuelan diversas áreas africanas. Parece que el destino desventurado de gran parte de los pueblos africanos es el sufrir por culpa de otros o matarse entre ellos. He aquí la pesada herencia de un colonialismo perverso que nunca respetó barreras étnicas ni geográficas. Desde París, Londres o Berlín se trazaban líneas artificiales que definían los respectivos ámbitos de las potencias europeas sin ninguna consideración, salvo sus propios intereses. El Reino de Bélgica generó el colonialismo más cruel en el ex Congo Belga (Zaire), hoy República Democrática del Congo. Les cortaban manos y pies a los nativos que no se portaban “bien”. Existe documentación sobre esos horrores. Desde Bruselas el rey Leopoldo manejó al infortunado Congo como un feudo personal; los nativos eran seres “inferiores” que debían castigarse para que “aprendan”.

En el pasado de África resaltan la esclavitud y el coloniaje. Luego de la independencia surgieron otros problemas. Ahora deben evitarse más conflictos e impulsar gobiernos democráticos que fomenten inversiones y logren un desarrollo integral. Hubo mucho sufrimiento sí, pero aún hay margen para la esperanza en el futuro africano.

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Publicado en Fecha: 05 de febrero del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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