Deterioro vial: ¡No son sólo las lluvias!

Hace años escribí que el día de la inauguración de una carretera boliviana era su momento más glorioso. A partir de ahí comenzaba su inexorable decadencia, ya sea por falta de mantenimiento o por la mala calidad de la obra. Muchas veces se daba por una combinación de ambos factores. Así eran las cosas, veo con pena que lo siguen siendo hasta hoy. Si de carreteras pasamos a calles asfaltadas en las ciudades, sucede algo similar. Como si tuvieran vida propia, los cráteres comienzan a reproducirse en forma alarmante. En algunos casos pareciera que algún monstruo invisible muerde los costados del camino hasta que quedan despedazados. En ninguna otra parte del mundo he visto cosa igual, aunque me han comentado que se ven casos similares en algunos desventurados países africanos.

Bolivia siempre se ha caracterizado por la mala calidad de sus carreteras, desmintiendo así el sano postulado diplomático de ser “tierra de contactos”. Además, la persistencia de tanto bloqueo ayuda al daño pues se colocan troncos, se queman neumáticos y se cometen otros actos francamente delincuenciales contra el indefenso camino de turno que se pretende bloquear.

¡Ah! Y luego vienen las lluvias, la excusa favorita que en forma inexplicable gran mayoría de los medios repite sin cesar. “Las lluvias arruinaron el pavimento” se dice. Sin embargo, hay lugares del mundo donde llueve prácticamente todo el año -como sucede en la ciudad de Seattle, costa oeste de los Estados Unidos- y allí nunca he visto un camino deteriorado por lloverle. Obviamente pueden provocarse destrozos debido a fallas sísmicas o inundaciones, pero en líneas generales, calles, caminos y autopistas aguantan perfectamente el paso persistente de lluvias o nevadas. Eso sucede no sólo en Seattle sino en muchos otros lugares del mundo donde si se hacen bien las cosas. Hay rutas en Europa que persisten desde la época romana y autopistas construidas hace décadas que siguen en pleno uso. Por supuesto que esas vías son bien mantenidas y periódicamente remozadas pero con una enorme diferencia frente al maltrecho sistema caminero de Bolivia: fueron bien hechas. El otro día vi la foto de uno de los acostumbrados derrumbes que ocurren en la carretera antigua que une el departamento de Santa Cruz con Cochabamba. Allí cualquiera pudo observar el mínimo grosor del pavimento y sin nada por debajo en materia de hormigón armado o parecido. No es de extrañar que se caiga constantemente. Lo mismo acontece en las calles citadinas. Los rellenos son de pésima calidad y el pavimento ídem. Es natural entonces que nada aguante un par de chubascos, para jolgorio de quienes son los encargados de rellenar (mal) y que así tienen su negocio asegurado.

Hay que incorporar al país normas internacionales de calidad en la construcción de carreteras, rutas secundarias y calles. Asimismo, los medios tienen que decir las cosas como son y no echarle la culpa a las lluvias. Mucha agua puede provocas catástrofes, es una verdad de Perogrullo, pero sólo en Bolivia unas cuantas precipitaciones llenan de baches caminos rurales y arterias urbanas de circulación. ¡Basta ya!

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Publicado en Fecha: 26 de julio del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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