Cápsulas menudas

1) Dicen los fanáticos que “no se puede entender a Santa Cruz sin su Carnaval” y se enojan ante cualquier comentario adverso; hasta tildan despectivamente de “intelectualoides” a sus críticos. Discrepo con ellos, es parte esencial de la democracia el disentir con respeto. La llamada “Fiesta Grande” cruceña cada día es más pequeña desde varios puntos de vista y resulta hasta dañina en función del ornato urbano. Aquellos que dicen “querer” a su ciudad lo único que hacen en esos días de jolgorio es ensuciarla sin piedad. Hay muchos intereses en juego y eso es lo que al final vale, no hay que engañarse. En un ambiente donde priman la frivolidad y el “missiologismo” de los concursos de belleza, se dicen y hacen cosas que no tienen nada que ver con el ritmo de un departamento que prosigue su imparable crecimiento. Eso por si mismo vale mucho más que las discutibles carnestolendas cruceñas, frenesí que no tiene ni profundidad ni riqueza folklórica.

2) ¿Por qué no desaparecen las losetas en el primer anillo cruceño? Cuando Santa Cruz de la Sierra era una aldea esas losetas marcaron el inicio de su progreso. Medio siglo después y con casi dos millones de habitantes, las ahora obsoletas losetas huelen a pueblo de provincia. Hay que retirarlas, darles utilidad en otro lugar e iniciar de inmediato el pavimentado de la ciudad, por lo menos en lo que hace al primer anillo. Eso le dará un aire más moderno a la urbe y tal vez hasta permita el cableado subterráneo, evitando así el feo despliegue de tanto “cablerío” que afea visualmente a la capital oriental.

3) ¿Quiere la gente a nuestra Bolivia? Si el amor se mide en función del cuidado que se le presta a quien se ama, la respuesta es un rotundo no. Y eso es así por el tremendo descuido que se percibe por parte de la mayoría de la población con respecto a los espacios públicos. No hay pared que se salve ni parque ni plaza. Todo se pinta, todo se daña con intencionalidad. Es penoso ver cómo se descuidan a los bienes públicos en una clara demostración de no querer lo que se tiene, aunque con demagogia se proclame lo contrario de boca para afuera. Urge incentivar un plan de cultura ciudadana. Debe enseñarse desde niño el cuidado de aquello que colectivamente nos pertenece.

4) Uno de los pocos lugares del país donde se observa mayor orden y prolijidad es la “llajta” cochabambina. Salvando ese trecho feo y oloroso del río Rocha cercano al aeropuerto (que debería entubarse lo más pronto posible) la ciudad en términos comparativos es mucho más limpia que sus dos colegas del eje central: Nuestra Señora de La Paz y Santa Cruz de la Sierra. Hay algo en el cochabambino que lo hace mas querendón de su ciudad, menos destructivo que sus compatriotas paceños y cruceños. Así están las cosas.

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Publicado en Fecha: 15 de noviembre del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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