Estrategia y las bondades del saber

Napoleón Bonaparte fue notable estudioso y voraz lector de obras militares e históricas. Para él, la estrategia era demasiado importante como para actuar sin conocimiento de situaciones pretéritas similares a las que podía eventualmente enfrentarse. Desde mucho antes que el futuro emperador de Francia hubiera nacido, el pensamiento estratégico combinó arte y ciencia. El arte es la sapiencia natural o “instinto” del individuo. La ciencia es fruto de un saber previo, racionalizado éste por conocimientos estructurados que proveen un marco teórico apto para generar determinados hechos o provocar resultados. La estrategia es una “mixtura” del saber y de la práctica que cada estratega combinará de la mejor manera según su criterio. Un estratega debe ser capaz de formular objetivos claros sobre la base de los recursos disponibles para planificar acciones y obtener resultados, sea que se encuentre en el campo militar, político, empresarial, comercial, etc. La estrategia consiste además en el arte de operar con eficacia bajo situaciones conflictivas ante la presencia de voluntades hostiles contrapuestas. El concepto estratégico implica conocimiento previo y empirismo por práctica constante. Las dos variables son esenciales, pero la primera tiene mayor valor. Por eso el viejo adagio: “Es necesario saber mucho para lograr un poco”.

El más antiguo estudioso de la estrategia, el chino Sun Tzu, escribió varios siglos antes de la era cristiana: “Entre los generales que se distinguieron en combate la lectura y el estudio precedía al conflicto y los preparaba para ello”. Un código militar japonés de 1710 estableció que “los comandantes deben practicar simultáneamente artes literarias y militares”. Federico el Grande expresó: “estudiar artes y letras es imprescindible para quienes se dedican a las armas”.

En definitiva: elementos tales como coraje, ingenio natural y hasta la propia experiencia, útiles como sin duda lo son, de ninguna manera resultan ser suficientes para cubrir la falta de estudio. Esto vale para todos quienes se plantean metas de diversa naturaleza, más allá de cualquier tipo de estrategia que cada cual pretenda seguir. El saber -como fruto de un esfuerzo intelectual previo- es una obligada condición necesaria para alcanzar el éxito. Es más, el saber aún será útil hasta en los fracasos, para no repetir errores u equivocaciones en caso de tener una segunda oportunidad. Las bondades del saber son innegables, sus efectos positivos valen lo mismo para un gran jefe que para el más humilde ciudadano. Finalmente, la Sagrada Biblia nos cuenta que el rey Salomón le pidió a Jehová que solamente lo dote de sabiduría, para así hacer bien las cosas y gobernar con equidad. No en vano se dice “el saber es poder”.

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Publicado en Fecha: 11 de enero del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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