Riesgos de la familia

En su obra sobre Julio César, el dramaturgo William Shakespeare narra que el dictador romano mientras era apuñalado en el Capitolio observó asombrado que su hijo adoptivo -Bruto- se encontraba entre los complotados asesinos de los Idus de marzo. Antes de expirar el César exclamó con profunda pena: ¡Tú también hijo mío! Desde esa época hasta nuestros días, el ingreso de los familiares a la vida pública de los políticos ha sido y será siempre peligrosa.

Históricamente el nepotismo fue parte integral de la administración pública en cualquier lugar del planeta; los poderosos nombran a sus parientes en todas las latitudes. La palara “nepotismo” deriva de “nepote” (sobrino). El nepotismo en sí no sería malo si se nombra a la persona en función de su capacidad. Lo grave ocurre cuando el parentesco es primera prioridad y la eficiencia última. Conviene anotar además que hay parientes que no crean mayores dificultades y más allá de la justicia o injusticia de sus nombramientos disfrutan de las prebendas sin ocasionarle desventuras al “Príncipe”. El problema surge cuando el pariente se transforma en algo embarazoso para el mandatario de turno.

La historia -antes y después de la tragedia de Julio César- es pródiga en anécdotas de parientes conspiradores y/o creadores de problemas. Quién no recuerda las vicisitudes del rey Ricardo Corazón de León, que a la par de luchar en las Cruzadas debía vérselas en su nativa Inglaterra con su pérfido hermano Juan, tétrico personaje que le hacia mil y un trapisondas. La leyenda cuenta que Arturo Pendragon cayó destruyendo involuntariamente a Camelot, a sí mismo y a su mítico reinado como consecuencia de las intrigas de su hermana y de la traición de su mujer. Podríamos citar muchos más ejemplos de gobernantes sometidos a riesgos por culpa de parientes inescrupulosos. Por otro lado, conviene recordar que el nombramiento de familiares en situaciones de poder es un añejo mecanismo de protección que viene de épocas remotas. La designación en posiciones clave de consanguíneos cercanos le aseguraba al jefe o monarca permanencia en el poder, absoluta lealtad y la certeza de no ser traicionado. Como es sabido, no siempre las cosas han sucedido de esa manera. El nepotismo puede traer ventajas pero también puede acarrear inconvenientes.

El nepotismo nació con la organización política de la humanidad y aparentemente permanecerá. Hoy hay países que no sólo tienen regímenes despóticos sino que son explícitamente nepotistas. Tal el caso de Arabia Saudita, donde hasta el nombre del país obedece a la familia reinante: los Saud. En otras naciones se intenta ser menos desvergonzados y los casos de nepotismo se los disimula para que no sean tan notorios, pero al final no hay quien se salve: la secular regla de gobernar –pese al riesgo inherente- con el auxilio familiar es usual hasta en los países más evolucionados. Así andamos y así seguirán las cosas, acá, allá y acullá…

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Publicado en Fecha: 08 de noviembre del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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