Reflexiones post mundialistas

Se acabó el Mundial de fútbol. La próxima cita será en Rusia el 2018 y -de no mediar aspectos vinculados con el destapado escándalo de los sobornos- luego en Qatar el 2022. Sin ser especialista, desgranaré algunas modestas reflexiones sobre este reciente evento.

Desde el año 2006 he publicado varias notas alusivas a la alarmante falta de tecnología en el balompié. Para este 2014 opté por no reiterar lo escrito en años anteriores, ya que la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) haría igual lo que le venga en gana una vez más, tal como sucedió.

Descartar el uso de técnicas para corroborar (o no) jugadas dudosas, dejando todo en manos de un señor supremo –el árbitro- cuyas decisiones son inapelables aunque se trate de errores mayúsculos y encima considerar eso como “parte del encanto del juego”, resulta ser algo absolutamente incomprensible en un Siglo XXI que marcha de la mano del desarrollo cibernético. Salvo el caso aprobado de la línea de gol -que debe ser traspasada por completo para convalidar el tanto- la FIFA optó por rechazar el resto de la tecnología pese a contar con su inmediata disposición. Lo único que se está logrando así es alejar a mucha gente de este bello deporte, lo que no sucede con sus primos del “Rugby Football”, donde sí hay tecnología y el referí la usa para convalidar o negar determinadas jugadas.

La FIFA se maneja como una sociedad secreta y tiene poderes que muchos países de las Naciones Unidas –incluidos los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad- seguramente envidian. Recuerdo que el entonces presidente de Francia Nicolás Sarkozy hizo una denuncia ante la FIFA luego del Mundial de 2010 de Sudáfrica. Ni lerdos ni perezosos, Joseph Blatter y su estado mayor expresaron que Francia era libre de hacer lo propuesto por el primer mandatario, pero en ese caso ni el estado francés ni ninguno de sus equipos jugaría en los torneos europeos. En silencio y retrocediendo, Sarkozy acató lo dispuesto por la FIFA. Hace poco el gobierno nigeriano impulsó políticas que no le gustaron a la FIFA. Pues bien, Nigeria está ahora fuera de todo torneo auspiciado por el organismo. Apuesto doble contra sencillo que el país africano no tardará en aceptar el dictamen de la FIFA y volver al redil. Está visto que hoy en día el ostracismo futbolístico -en lo nacional e internacional- es peor que el ostracismo político o las sanciones económicas.

El poder de la FIFA es casi sin límites y parece que nadie quiere parar esa hegemonía, menos aún discutirla o reglamentarla. Los países tienen su Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en paralelo forman parte de la FIFA a través de una red de instituciones afiliadas. Aparentemente están contentos con ese arreglo, nadie hace problemas, salvo casos aislados que la propia FIFA los apaga de un plumazo.

Dicen que en Brasil se destaparán casos de corrupción tras el fracaso de su selección en este último Mundial. Veremos qué pasa, pero como se dice habitualmente, esa es otra historia. Hoy sólo hemos desgranado algunas pocas reflexiones en torno al popular fútbol y sus misteriosos patrones transnacionales.

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Publicado en Fecha: 20 de julio del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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