Entre el espacio y el tiempo

A lo largo de milenios el ser humano ha vivido entre dos variables esenciales: espacio y tiempo. El primero resulta esencial: precisamos espacio para cosechar, dormir, ejercer labores diversas y en fin, sin espacio nada se puede hacer, no hay vida posible sin espacio. Este será mayor o menor en función de diversos factores, pero el espacio estará siempre ahí, para servirnos o perjudicarnos e inclusive para luchar por él si nos lo quieren quitar o si pretendemos quitárselo a otros.

Por otro lado, los elementos naturales del espacio -aire, agua, tierra y fuego- si bien son vitales pueden resultar altamente perjudiciales. Del aire se derivan huracanes, tornados y tifones; la falta o exceso de agua provoca terribles sequias e inundaciones y tsunamis; de la tierra vienen terremotos, erupciones volcánicas y otras catástrofes; el fuego sin control causa daños múltiples por incendios. Todos los elementos naturales son imprescindibles pero a su vez pueden llegar a ser inmanejables. En conjunto forman nuestro espacio geográfico, el lugar donde vivimos, progresamos, luchamos y hasta morimos.

La tecnología nos permite ahora hablar del “espacio exterior” allende el planeta Tierra y su atmósfera. El proceso aún se encuentra en pañales pero el hombre ya visitó la luna, envió sondas probatorias a Marte y exploró otros lugares del espacio extra terrestre. Veremos qué traerá el futuro en este campo aún incipiente. Asimismo, la tecnología es capaz de modificar el medio ambiente, nuestro espacio natural, pero debe recordarse que en el corto plazo la naturaleza siempre prevalecerá.

Y a todo esto, mientras el espacio se achica, agranda o se transforma, el tiempo pasa, el tiempo transcurrido no vuelve jamás, aunque en simultáneo existe una correspondencia biunívoca tiempo-espacio que vale la pena mencionar. Un profesor de lógica formal -durante mis años universitarios en Buenos Aires- recalcaba que el saber sí ocupa lugar, por que el proceso de aprendizaje toma tiempo y eso era prácticamente lo mismo. En su momento no comprendí muy bien la relación; ahora, varias décadas después, la tengo siempre presente. No en vano Napoleón consideró como elementos estratégicos al espacio y al tiempo, aunque hizo una drástica distinción. El espacio perdido siempre puede ser reconquistado, mientras que el tiempo perdido no vuelve, es irrecuperable. De ahí la necesidad de valorarlo, de aprovechar al máximo el tiempo en cosas útiles.

La propia vida es una medida del tiempo y simultáneamente vivimos en un espacio determinado. La relación espacio-tiempo se ha prestado a múltiples interpretaciones, pero en su sencilla expresión significa nuestro devenir, el transcurso de nuestra existencia, la que debemos a toda costa intentar sea provechosa dejando siempre algo de bueno. La pizca positiva que cada uno de nosotros legue al futuro, contribuirá con certeza a un mundo mejor.

Lo que sí debe tenerse presente es la predominancia del interés nacional en la construcción de la política exterior y hasta en el quehacer interior. Ese interés nacional, oportunamente definido y construido, es la base esencial de todo el comportamiento externo e interno de un estado. A ese interés -y en función de él- tiene que ceñirse el comportamiento de cualquier país que pretenda manejarse con viabilidad y provecho, tanto en terreno propio como en el contexto mundial.

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Publicado en Fecha: 14 de septiembre del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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