TORMENTOS BUROCRÁTICOS Y TERCERA EDAD

Aunque la Ley 1886 propone derechos y privilegios para las personas mayores de 60 años e inclusive les otorga un seguro gratuito de salud, en muchas tramitaciones burocráticas esas ventajas son meramente enunciativas. A la hora de la verdad el pobre anciano (a) de turno deberá peregrinar haciendo trámites que dejarían a un jovenzuelo exhausto; ni hablar del agotamiento de quien se encuentra en la tercera edad, esa es la triste realidad. Veamos un simple ejemplo concreto pero sin nombrar instituciones a fin de no crearle problemas a nadie.

Conozco el caso de un matrimonio (él un ejecutivo de 70 años, su esposa 63) que durante casi 16 años aportó -mediante la empresa en la que trabajaba- a un seguro de salud (“Caja”) del sistema de seguridad social. Al retirarse de sus actividades, de inmediato solicitó en el mismo seguro pasar a la categoría “pasivo”. Entre las exigencias se le pidió el contrato de renta con una de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP´s) y otra serie de papeleos que fácilmente la Caja puede averiguar por consulta telefónica o mediante sistemas en línea, usuales en esta era cibernética. Pero no, hay que embromar al anciano, ponerlo nervioso hasta el punto del temor psicológico de quedarse en la última etapa de la vida sin su seguro médico. Pero eso no es todo. Si el anciano logra hacer y procurar lo que le piden, luego la pobre esposa del asegurado (llamada en la jerga “beneficiaria”) tiene que ir Caja por Caja y por las dos AFP´s para que certifiquen “no haber tenido ni aportes ni servicios”. Nuevamente: ¿No podrían las mismas instituciones entre sí hacer este –para ellas- sencillo trabajo pero complicado para una persona mayor? No y no, hay que hacer que la gente de la tercera edad sufra. Por tanto, esa señora deberá peregrinar por sí, hacer que vaya el marido o pedirle a uno de sus hijos que pierda el tiempo para que alguien de la burocracia insensible marque en un papel “no aportó”. Todo esto es una barbaridad. Las personas mayores por su edad tienen cierta dificultad de locomoción, es más, algunas sufren de amnesia o principios del mal de Alzheimer. No es justo que estén rememorando papeles o haciendo tramitaciones que expeditivamente se pueden realizar por vías inter institucionales.

Este es un solo ejemplo. En la vida real hay más, mucho más. No basta que se abaraten pasajes o existan ventanillas especiales de atención. A los ancianos hay que brindarles todas las facilidades posibles, incluidas las de pasar automáticamente de activo a pasivo cuando se jubilan, máxime si eso se realiza en la misma caja de salud que ya los acogió por mucho tiempo. El trámite debería ser casi automático, fácil, no archi molestoso como lo es hoy en día.

¿Ventajas para la tercera edad? Hum… A los hechos me remito.

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Publicado en Fecha: 13 de abril del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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