Capitanes eran los de antes

La tradición valiente de los capitanes de mar parece que ya no corre más. Lejos están esas épocas cuando el capitán se hundía con su barco o si se salvaba, lo hacía una vez rescatados pasajeros y tripulantes. En enero de 2012 el crucero Costa Concordia naufragó en Toscana (Italia) y se perdieron 32 vidas. El capitán, Francesco Schettino, luego de ordenar la evacuación con mucho retraso, optó por subirse a un bote para llegar a suelo firme (el barco encalló muy cerca de un puerto) y se fue tranquilo al hotel más próximo. Armado el escándalo, Schettino apareció a los pocos días, bronceado y con pinta de artista de cine, para intentar explicar lo inexplicable. Aún no se ha dictado sentencia en su caso, pero se lo acusa de homicidio culposo.

El pasado 16 de abril otro desastre naval generó un nuevo escándalo, el que ha llegado a tener repercusiones en el más alto nivel político. Se trata del naufragio de un ferry (embarcación que lleva vehículos y pasajeros) en Corea del Sur. Se tuvo que lamentar la muerte o desaparición de más de 300 almas. Lo que provocó la ira colectiva y posteriormente nada menos que la dimisión del Primer Ministro coreano fue la actitud del capitán Lee Joon-Seok. Este nefasto personaje, al iniciarse el desastre optó por ponerse rápidamente a buen resguardo sin ni siquiera ordenar el rescate de pasajeros y tripulación. Su actitud ha lindado con la vileza, superando así la cómoda cobardía del histriónico Schettino. En el caso coreano los acontecimientos aún siguen su curso, ya veremos cual será el desenlace final.

Estos dos resonantes hechos -someramente comentados- contrastan con la actitud de los capitanes de otrora, que permanecían firmes a bordo hasta que el último ser esté salvado; inclusive esos bravos capitanes optaban por inmolarse junto con el barco cuando el naufragio era fruto de su imprudencia o error. Eso sucedió en el caso del legendario Titanic, donde el capitán Edward Smith se equivocó e hizo que el buque colisionara de costado con un témpano en el helado Atlántico Norte. Más de 1.200 personas fallecieron, pero muchas vidas fueron salvadas gracias al coraje de ese capitán y de sus colaboradores. Hasta el momento del hundimiento todos ellos se quedaron ayudando a los que pudieron y murieron gallardamente.

Otro caso que causó sensación en diciembre de 2010 fue el colapso del carguero italiano Jolly Amaranto en Alejandría. Rescatado con la tripulación, el perro mascota Athos optó por volver a “su casa”, “su barco”, donde había pasado casi toda su vida. Aunque un marinero trató de salvarlo, Athos nadó con firmeza hacia el buque y allí se ahogó. Como los célebres capitanes de la historia, el valiente can murió con su nave. Pese a haber sido ya salvado prefirió volver para fallecer en el lugar que él protegía. Lo sucedido motivó lamentaciones de la tripulación -que era muy afecta a Athos- y tuvo en su momento enorme repercusión internacional. ¡Qué lejos están de la nobleza del can Athos y del capitán Smith crápulas como Schettino y Joon-Seok!

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Publicado en Fecha: 04 de mayo del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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