Ahora, un aprendizaje distinto

El auge de la cibernética está generando nuevas formas de aprendizaje, como también inéditas maneras de pensar, razonar y hasta de hacer los deberes entre estudiantes y profesionales de este tercer milenio. Desde la temprana infancia, los niños son sometidos a un intenso bombardeo tecnológico que les brinda múltiples posibilidades de asimilación vía computadoras, telefonía móvil y obviamente, ese gran acceso a todo tipo de información que es la Internet.

 Ellos ya nacen con algo que está ahí y forma parte de sus vidas, no tuvieron que asimilar nada, como nos ha sucedido a las generaciones anteriores. De ahí la facilidad asombrosa con que los chicos de ahora aprenden cosas que a los adultos nos cuesta llegar a dominar. Varios científicos se han referido al tema. Todos coinciden en que las nuevas tecnologías están transformando la manera de pensar, razonar y de aprender. Muchos investigadores se han preocupado por lo que está haciendo Internet con nuestras mentes, ya que esas modernas tecnologías –según afirman algunos- conspiran contra la capacidad de concentración, reflexión y contemplación.

 Pero la verdad es que más que conspirar contra las formas de aprendizaje, yo creo que las nuevas tecnologías están creando diferentes pautas cualitativas al imprimir alteraciones fundamentales en materia de razonamiento, conceptualización y memorización. Recuerdo que en mis épocas de estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires, uno de los exámenes más temidos era el de Teoría Estadística, por la exigida precisión requerida y por su extensa duración: cuatro horas.

 Lo que interesaba en ese entonces -aparte de la parte conceptual- era que se hagan bien los cálculos y en forma manual. Por eso, al iniciarse la prueba, el catedrático retiraba toda clase de artefactos electrónicos, los que en esa época eran calculadores muy simples o reglas de cálculo. Todo tenía que hacerse a mano y pensando, nada de fórmulas listas para sacar resultados tan pronto se pongan los números. Era agotador estar allí a los 22 años de edad haciendo cálculos y rogando no equivocarse, usando montones de hojas de borrador para luego pasarlas al limpio antes de entregar finalmente el examen al exigente profesor.

 Es más, esta materia de Teoría Estadística era una de las “barreras naturales” de la carrera: el que pasaba seguía adelante, los que se quedaban no podían rendir otras asignaturas mientras no la aprueben. No eran pocos los frustrados que optaban por abandonar los estudios. Hoy en día me atrevo a pensar que ese examen debe ser muy breve y sencillo, ya que en pleno Siglo XXI sería inadmisible no contar con la tecnología disponible. Presumo que los estudiantes superan rápidamente la prueba apelando a fórmulas contenidas en sus celulares, iPad o algún artefacto similar.

Pero por otro lado ¿Saben el concepto real? ¿Han asimilado los razonamientos esenciales y la importancia de la estadística? Seguramente que sí, sólo que bajo otros tipos de aprendizaje que trajo consigo la tecnología contemporánea. El mundo se transformó y lo propio sucedió con los métodos de enseñanza. El problema ocurre si no se logra “meter” en los alumnos el concepto básico y hacer que lo asimilen. En ese caso, hará falta otra pedagogía y el profesor de turno tendrá que “aggiornar” su ritmo al momento que vivimos o simplemente ser cambiado. Estamos en una nueva era que modificó drásticamente el aprendizaje tradicional.


Publicado en Fecha: 28 de abril del 2013
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise

 

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