PEDRO RIVERO Y SU NOVELA “DOS MUJERES”

Con la novela Dos Mujeres, Pedro Rivero Mercado prosigue su vasta obra literaria, periodística, poética y hasta musical. El autor suma a sus muchas cualidades un intenso trabajo intelectual. Pero lo que resalta es que es un hombre de bien, un paradigma, un ser que ha sabido triunfar hidalgamente en todos sus empeños, superando siempre nefastas envidias e incontables escollos.

Coincidimos con Pedro en el amor a lo antiguo, a las costumbres rancias de esta Santa Cruz de la Sierra, nuestra “gran aldea”, devenida ahora en principal centro urbano del país y locomotora productiva. No desconocemos al progreso, más bien lo estimulamos, pero sí rescatamos simultáneamente lo auténtico de nuestro pasado. La “contra” del proceso de crecimiento  cruceño –como es sabido- ha sido la pérdida parcial o total de muchas tradiciones propias o, peor, su olvido.

Pedro Rivero, en sus narraciones anteriores -y en esta su última creación- nos trae a la mente costumbres del pasado salpicadas de humor, ironías y añoranzas. Este importante ejercicio  literario está lleno de calor humano, y es tan grande como el de los historiadores que procuran rescatar lo auténticamente oriental.

En este año 2010 del bicentenario, todo lo cruceño debe ser resaltado y reforzado, jamás olvidado, relegado o dejado de lado. Y una de las mejores maneras de tener presente a nuestro pasado es mediante la colorida narrativa novelística, como la de Pedro, cuyos personajes deambulan, gozan y sufren por obra de su fértil imaginación y de su ágil pluma.

            “Dos mujeres” ubica a sus protagonistas, Matrona y Mujerona, en un entorno social que, en la distancia, fue el formador del carácter de nosotros mismos. Surgen, en sucesión, vívidas y muy logradas  imágenes. Es el ambiente -descrito con maestría- en el que estos personajes de una bucólica aldea ya ida, sueñan y desnudan su ser. Estoy convencido que estas mujeres descritas por Pedro son arquetipos del ingenio y la ingenuidad de una época. Intuyo que ellas fueron personas de la vida real ya pasada. La pluma privilegiada del escritor las revive en toda su dimensión, con sus grandezas y miserias, como  simples seres humanos.

A lo largo de las páginas se deslizan otros personajes, como el político que -con dinero e influencias- mueve hilos, consigue lo que quiere o, simplemente, inspira temor y comete tropelías con el clásico e infamante abuso de poder.

            Elemento esencial en la trama es la figura del adolescente que pugna por hacerse hombre. Es él quien cuenta la historia de las dos mujeres, develando sentimientos encontrados, mezcla de su creciente acceso a la pubertad, de sus nuevas inquietudes y de su relación pseudo filial con Matriarca, relación que la novela  no define explícitamente, ni como madre ni como imagen erótica de mujer para este muchacho, pero ágilmente se insinúan ambas cosas, tanto en la mente del joven  como en su cuerpo que crece y madura. Todo esto queda librado a la imaginación e interpretación del lector.  

Matrona y Mujerona reflejan una época, una forma de vida y reflejan, además, facetas de existencias juveniles seguramente conocidas por el autor. No en vano se dice que en cada novela hay rastros de la vida  real de su creador. Amistad, vecindad y entuertos, nos traen imágenes de otros tiempos, de otro vivir y, en eso, se basa la vida singular de estas dos mujeres, vida narrada por el adolescente a punto de descubrir su masculinidad.

            He aquí, en Dos Mujeres, una embriagante novela  de tiempos que fueron, pero también de cosas que hasta hoy perduran.


Publicado en fecha: 4 de junio de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira