PARA SUPERAR LA PÉRDIDA DEL IMPULSO CRUCEÑO

El departamento de Santa Cruz está perdiendo impulso.  Así lo han señalado varias cifras. La “locomotora”, en lugar de transformarse en moderno tren bala tiende a ir hacia atrás, a la época de las lentas máquinas de vapor. Si de algo vale la metáfora, es para alarmarnos. Y las causas no requieren de un Sherlock Holmes para descubrirlas. Cayó la inversión en gas e hidrocarburos, eso afectó al Producto Interno Bruto (PIB) cruceño.

Subió la minería en occidente por factores positivos internacionales y también eso disminuyó el porcentaje de participación de Santa Cruz. Pero el problema básico radica en el tema tierra. Mientras no se lo resuelva, continuará la incertidumbre y la secuencia de un peligroso estancamiento. Además -esto es grave- peligrará la soberanía alimentaria del país y no se podrán superar las tristes cifras dadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) acerca de la creciente hambruna –o falta de nutrición- de casi un 30% de la población boliviana.

El futuro pertenece a los países que producen alimentos por encima de sus propias necesidades. Esta expresión se hace patente  ahora. Lo paradójico es que tanto Santa Cruz como otras extensas áreas en los valles y en el resto del oriente boliviano tienen condiciones óptimas para ganadería y agricultura extensivas. Sin embargo, normas confusas, mucha demagogia y una permanente falta de seguridad jurídica han estancado la producción disminuyendo su potencial para el porvenir. Sin ir muy lejos, es difícil que un productor agropecuario pueda solicitar un crédito a 10 años si la llamada “Función Económica y Social” (FES) que impone el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) se ejerce y controla cada dos años. Ante la incertidumbre de su aplicación, muy pocas entidades financieras estarán en condiciones de otorgar facilidades crediticias a largo plazo. Eso crea un círculo vicioso nefasto para el futuro de la región. Cabe encontrar la manera de ingresar al círculo virtuoso. Para ello, es imprescindible contar con reglas claras para los sectores productivos del campo, especialmente ganaderos y agricultores. Al mismo tiempo, incentivar el crecimiento de la agroindustria existente.  Esto solamente será posible asegurando la tenencia legal de la tierra a quien la trabaja y otorgando líneas especiales de préstamos con alguna garantía estatal  para promover el crecimiento. Los beneficios de esa política coherente estarían a la vista: tendríamos un sector agropecuario dinámico, no estancado o asustado y aseguraríamos independencia alimentaria, superando el hambre de vastos sectores de la población y exportando excedentes.

Santa Cruz tiene condiciones humanas y naturales para seguir siendo motor del crecimiento boliviano. Pero mientras a ese motor no se le proporcione el combustible adecuado, funcionará a medias. El Gobierno debe meditar sobre estos puntos tan brevemente tratados aquí e ingeniarse para encontrar una solución integral al tema tierra y garantías conexas. De no hacerlo, será como dispararse un tiro en el pie.

A lo expresado, hay que agregar otras claras verdades:  desarrollar el Mutún, fomentar inversiones –con garantías sólidas- en los sectores energéticos y en la minería, hoy dormida en el oriente pero con grandes expectativas. Productores y gobernación deben ponerse de acuerdo en torno a un plan regional  cruceño coherente que goce del apoyo oficial para ponerlo en práctica tan pronto sea posible. No basta con seguir hablando del “modelo cruceño” cuando la locomotora está marchando en ralentí y no con la velocidad que la hora presente exige. La disminución del aporte de Santa Cruz a Bolivia resulta perjudicial para el conjunto.


Publicado en fecha: 22 de octubre de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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