CHINA: UN BREVE VISTAZO GEOPOLÍTICO

China está de moda. Aún con serios problemas internos en materia de desarrollo humano su potencial es ya globalmente reconocido y hasta temido. Los niveles per cápita de ingreso son bajos. Seguirán así por muchos años, pero el agregado hace que China sea hoy la segunda economía mundial. El ascenso en la escala planetaria del gran dragón del oriente hizo realidad el viejo adagio napoleónico: “Cuando China se levante el mundo temblará”. Y vaya si está temblando, sobre todo ahora que se anuncia una posible guerra de divisas entre el debilitado dólar estadounidense y el fuerte yuan, la moneda china. Dejemos la economía para enfrascarnos en una breve e incompleta visión geopolítica de China, aspecto importante para comprender su proyección internacional.

La China representa el centro de gravedad de la enorme masa  terrestre asiática; el  propio equilibrio geográfico del orbe pasa por China. Solamente la dimensión humana de China es impresionante: alberga por sí sola a una quinta parte de la población mundial.

Contra viento y marea, la clase dirigente china afirma su dominio territorial. El autoritarismo político con libertades económicas no será la fórmula ideal -está lejos de la institucionalidad democrática que todos pretendemos como forma de gobierno-,  pero funciona ¡Y cómo! De la vieja China objeto de vejaciones tales como las guerras del opio, múltiples intervenciones extranjeras y luego dominada por el Japón, pasando por su conflicto civil, Mao Tsé Tung, su revolución cultural y Deng Xiaoping, se ingresó al fenómeno contemporáneo de crecimiento exponencial. La  contradictoria sumatoria de procesos ha erigido una tesis positiva con cambio cualitativo: el ascenso de China a las cumbres del poder mundial.

Mientras la Unión de Repúblicas  Socialistas Soviéticas (URSS) se disolvía en 15 inciertas naciones euroasiáticas y Yugoslavia se fragmentaba, China consolidó su unidad. Con 11.000 kilómetros de costa y 15.000 kilómetros de fronteras terrestres, la China cubre una extensa superficie de 9.560.000 kilómetros cuadrados. Es una verdadera nación-continente de arduo manejo interno, sobre todo si consideramos las enormes desigualdades entre las zonas aledañas al mar y sus áreas interiores agrícolas mucho más pobres.

Al intervenir las potencias europeas en el Siglo XIX, los chinos debieron ceder varios  territorios y conceder enclaves. Hong Kong a Inglaterra y Macao  a Portugal fueron los enclaves más notables; ambos han vuelto a la soberanía china. Hubo un  intenso período de intervenciones imperialistas de las potencias occidentales y de Rusia que debilitó enormemente a la China. Luego a su turno vino el Japón. Con  su típica paciencia, los chinos supieron esperar. Todos pasaron y terminaron agotándose a sí mismos. La enorme China permaneció.

Con la apertura de Richard Nixon y  Henry Kissinger de 1972, China volvió a ocupar su puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y se diluyó para siempre la teoría de las dos Chinas, una con capital en Beijing, la otra en Taiwán. La hora de la gran potencia llegó con el tercer milenio; los bienes chinos inundan ahora los mercados del orbe. La masa de bonos estadounidenses que guarda el Banco Central de Beijing puede hacer tambalear a la trillonaria economía norteamericana en cualquier momento. Hay muchas fallas en materia de derechos humanos e inmensos problemas estructurales por resolver, pero el empuje geopolítico y la pujanza económica de los chinos crean realidades que nadie puede desconocer ni ignorar. Como “socio estratégico” o “competidor estratégico”, China está convirtiéndose en un temible futuro rival de  Estados Unidos. El tiempo chino ha llegado. Valió la pena tener la paciencia china de aguantar y esperar.


Publicado en fecha: 19 de noviembre de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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