LA DIFERENCIA ENTRE CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA

Veamos primero qué nos dice el diccionario. Sabiduría: “prudencia”, “instrucción”; saber: “ciencia”, “cultura”, “doctrina”, “omnisciencia”. Conocimiento: “acción de conocer”, “tener la idea  o la noción de una persona o cosa”.

Aunque saber y conocer comúnmente se los utiliza como sinónimos, la verdad es que hay diferencias. La sabiduría es más fuerte que el conocimiento, implica en cierto modo, una decantación de lo conocido, una profundidad mayor, una suerte de conocimiento impregnado de cosas buenas, de ética, de experiencia, de un análisis de las decisiones o acciones en función de lo malo y lo bueno, etc.

Veamos un simple ejemplo: todos nosotros conocemos que el cigarrillo es dañino para la salud. Muchísimas publicaciones han demostrado científicamente el vínculo entre cáncer pulmonar y tabaco. Los cigarrillos traen en su envase una leyenda advirtiendo que fumar es perjudicial. Conocemos el perjuicio de la nicotina, pero nos falta la sabiduría para erradicar tan nefasto hábito. Es así como muchos fuman a sabiendas de lo malo que es hacerlo, pero no abandonan el cigarrillo por carecer de sabiduría para enfrentar con decisión el problema.

En muchas cosas de la vida tremendamente más complejas que el dilema entre fumar o no fumar, tenemos idéntica contradicción: existe el conocimiento pero no siempre está acompañado de la sabiduría. Conocemos que las guerras son terribles, pero la humanidad continúa en su loca carrera fratricida por la falta de sabiduría para  evitar conflictos. Conocemos que diversos factores resultan imprescindibles para nuestro desarrollo y supervivencia como personas y como pueblos, pero muchas veces carecemos de la sabiduría para buscar un común denominador  que nos permita convivir, progresar o triunfar, sin peleas internas, envidias ni odios, en un marco de plena solidaridad social.

El pasado Siglo XX  y este tercer milenio que ya arrastra ocho años de vida,  nos han brindado una suma formidable de conocimiento humano en materia de literatura, arquitectura,  medicina, tecnología y ciencia. Este inmenso caudal de conocimiento, empero, no ha corrido parejo con el desarrollo de la sabiduría. Es por eso que a lo largo de los años pasados (y en los días del presente) hemos presenciado –presenciamos- las más bárbaras, primitivas e irracionales formas de agresión, genocidio y violencia. Junto con los más grandes desarrollos de la civilización, el armamentismo, el terrorismo, la maldad y la intolerancia, siguen su implacable curso entre nosotros. Están lamentablemente presentes en varios aspectos de la vida en común.

Esta triste situación solamente es explicable por la falta de una correspondencia adecuada entre conocimiento y sabiduría. Si conocimiento y sabiduría marchasen juntos, las cosas serían  muy diferentes y ciertamente mejores. El conocimiento en solitario queda sujeto a las pasiones y  a la intrínseca debilidad humana. Ser “súper inteligente” no necesariamente garantiza lo mejor, ya que la maldad puede estar en esa mente privilegiada; si ese es el caso, su sabiduría –el buen uso prudente del conocimiento- por tanto será prácticamente nula, estará totalmente ausente, con las desastrosas consecuencias que ello significa para ese ser y para los demás.

Procuremos con honesta humildad y con todos nuestros esfuerzos la sabiduría, ese don “que vale más que todas las riquezas”, tal como señala La Sagrada Biblia en el libro de Los Proverbios.


Publicado en fecha: 29 de febrero de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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