INTERÉS CRECIENTE SOBRE EL AGUA

Entre los días 30 de octubre y 1º de noviembre, se desarrolló en la ciudad de Campo Grande, capital del estado brasileño de Mato Grosso do Sul, el Tercer Seminario de Aguas Internacionales. Al igual que en los anteriores, tuve el privilegio de asistir a este importante foro, realizado en un área limítrofe con Bolivia y que -según documentos de las Naciones Unidas- forma una  única “macro región” junto con el departamento de Santa Cruz y otras localidades  brasileñas y bolivianas.

Tal como sucedió en anteriores participaciones, conté con la inestimable colaboración del señor Cónsul General de Bolivia en Campo Grande, doctor Antonio Mariaca Mendieta,  noble amigo, prestigioso diplomático de carrera y que -con su proficua labor- hace quedar muy bien al país en su lugar de funciones. Agradezco las gentilezas recibidas.

El evento se desarrolló los días miércoles y jueves con  la presencia de varias personalidades y autoridades. Hubo interesantes ponencias sobre aguas subterráneas, la Hidrovía Paraguay-Paraná, gestión de recursos hídricos, biodiversidad, contaminación y medio ambiente,  energías renovables, etc. El Seminario concluyó con la firma de un Acta de Entendimiento.

El tema propuesto a este columnista fue el dilema entre el agua como derecho humano y como bien común. Próximamente, prometo a los lectores presentar una síntesis de la exposición, ya que su espacio excede al autorizado.

Lo importante ahora es rescatar la importancia intrínseca de este seminario sobre aguas, lo que refleja el creciente interés que tiene el agua -y no solamente como derecho fundamental para la vida e higiene de las personas-, sino también en sus aspectos globales de aprovisionamiento, cuidados ambientales, usos industriales y otros proyectos.

Sin abastecimiento hídrico no podemos vivir y aunque el planeta tiene un 70% de su superficie bañada por aguas, éstas son saladas, no aptas para el consumo masivo por el elevado costo de los procesos de desalinización. Solamente el 2.5% del agua en nuestro mundo es dulce, potencialmente potable y apta para el consumo humano. Si bien es un recurso natural renovable por efecto de las lluvias, aún así es un recurso precioso, el que debemos cuidar y atesorar, evitando su despilfarro y su mal uso.

El agua está de moda en todo el mundo. Inclusive se habla de la posibilidad, en un futuro cercano, de conflictos bélicos por el control de los recursos hídricos. Sin ir muy lejos, el Ejército Argentino ha desarrollado –y presentado públicamente hace relativamente poco-  una nueva Doctrina Militar basada en la defensa del recurso agua, sobre lo cual en su momento publiqué un comentario alusivo el pasado 23 de marzo de 2007.

 Para todos los fines que no sean navegación, pesca y algunos usos exclusivos, la gente utiliza solamente el agua dulce y ahí comenzamos a tener problemas, sobre todo en algunos lugares donde esta preciosa sustancia escasea o es mal aprovechada. El Norte de  África es un ejemplo extremo de escasez y de mal aprovechamiento; esto es a su vez uno de los orígenes de la pobreza crítica; lo mismo sucede en Haití.

Como oportunamente expresé, Sudamérica es una región bendecida por la abundancia de agua mediante glaciales, depósitos subterráneos, deshielos cordilleranos, cuencas hidrográficas y lagos. El drama sudamericano no radica en la falta de agua –salvo algunas pocas zonas áridas- sino en su mala administración, principalmente por la escasez de recursos de capital y de acceso a la tecnología.

Si, el agua es vital, sin ella no hay nada. Pronto volveremos sobre este importante tema.


Publicado en fecha: 2 de noviembre de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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