QUINUA: ¡¡ CLARO QUE SI!! COCA: HUM…

Por razones que son de conocimiento público, el tema de la hoja de coca ha tomado otro cariz. Ahora se piensa en su posible “despenalización”; también en introducirla como alimento en base a sus potenciales “nutrientes”, nutrientes que por lo demás no son exclusivos de la hoja pues los tienen muchos otros vegetales menos dañinos. Y lo de dañino espero no sea ofensa para nadie, pero el hecho fundamental y de peso absoluto, es que la hoja de coca sirve de materia prima –es la –única fuente- para la elaboración de clorhidrato de cocaína, una de las drogas más adictivas y peligrosas del mundo. Solamente por esto, la hoja de coca debería ser mirada con cautela y no con el entusiasmo que hoy se propala a los cuatro vientos.

Todos los bienes y ventajas que podría tener la hoja, reitero, no son nada frente al perjuicio que ocasiona al transformarse en un terrible estupefaciente  que circula por el mundo con su carga perversa de adicciones, tragedias y delincuencia.

Brasil y Argentina recibieron el año pasado un 25% más de “importaciones” de droga proveniente de Bolivia. Con la posibilidad ahora de incrementar los cultivos –ya sustancialmente mayores hoy que en el reciente pasado- la triste posibilidad de aumentar ese de por sí ya alto porcentaje, persiste amenazadoramente. Y estamos citando solamente  el aumento del volumen del narcótico en los principales países limítrofes; con el resto del orbe penosamente sucede algo casi igual.

La verdad es que, a mi modesto entender, 40.000 cocaleros no pueden fijar la agenda nacional de nueve millones de bolivianos, aún si su máximo dirigente es el presidente de todos y ha sido elegido por mayoría absoluta. Más bien y con mayor razón, debido a su gran legitimidad, S.E. el presidente Evo Morales tendrá que intentar conciliar  inteligentemente los criterios de la inmensa mayoría popular con los del sector cocalero que lo encumbró a la vida política.

En lugar de tanta propaganda oficial con respecto a la hoja de coca y sus potenciales virtudes, resulta extraño que no se promocione adecuadamente a la quinua, grano originario de Bolivia, de extraordinarias cualidades y sin ningún elemento en contra.

La antigua proteína de los incas tiene nutrientes mucho más valiosos que los de la hoja de coca y merece todo el apoyo de pueblo y gobierno. Las bondades de la quinua han sido ponderadas hasta en la Casa Real de España, como también por la agencia espacial norteamericana NASA e infinidad de estudios y científicos de comprobada seriedad. Punto por punto, nutriente por nutriente, la quinua se la “hace bolsa” a la hoja de coca y amerita un sí rotundo su inserción plena en los mercados mundiales, como también apoyo incondicional a todos los impulsos que se realicen para aumentar su producción y exportación.

El de la noble quinua  ciertamente no es el caso de la coca, que por muy popular y “sagrada”  que sea en el occidente boliviano, lleva consigo la lacra del narcotráfico potencial de su producción, sin contar el origen colonial del “acullico” o “picceo”, hábito  que fue inducido cruelmente por los conquistadores españoles para que los indígenas trabajen más -y coman menos- en las duras tareas mineras con las que los explotaban sin piedad. Ese es el triste origen del tal “consumo tradicional”,  consumo que más bien debería ser también por dicha causa objeto de rechazo, en lugar de ser ensalzado hasta en ceremonias públicas, como últimamente es usual ver.

¡Quinua hasta el fin y ojalá sea promocionada como debe ser! ¿Coca? Hum… y no digo más nada. El lector tiene la última palabra.


Publicado en fecha:
10 de marzo de 2006
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

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