INICIATIVA PRIVADA Y EDUCACIÓN

Iniciativa implica comenzar algo; privado es lo que no es público y pertenece a particulares. La iniciativa privada no es otra cosa, entonces, que los impulsos singulares o colectivos que se dan en pos de un objetivo a concretar y con la finalidad de generar ganancia, sea ésta monetaria, moral o de prestigio social.

Si me gusta trabajar la harina y tengo iniciativa privada, puedo abrir una panadería. En ese pequeño negocio haré ricos panes y competiré con otros panaderos para sacarlos del mercado o posicionarme dentro de él. Al final, haré lo que me gusta. De paso, si soy eficiente, ganaré unos pesos para vivir y mejorar.

Podemos pasar del ejemplo a cualquier tipo de emprendimiento. El proceso básicamente seguirá siendo el mismo: hago lo que creo saber hacer y lo hago porque me gusta, pero también por que pretendo ganar dinero. El campo educativo privado no es diferente. En el marco de reglamentaciones dadas por el estado (cuyo rol fundamental es propiciar la educación, no obstaculizarla), una persona o grupo de personas pueden asociarse a los fines de crear un instituto particular de enseñanza, sea éste primario, secundario o universitario. Si cumplen con la ley y requisitos, podrán funcionar normalmente. Luego, todo será cuestión de ellos: si el instituto es bueno prosperará; si es malo, decaerá y terminará saliendo del mercado. Así de simple.

He visto con ojos positivos –al igual que ustedes amigos lectores, presumo– el fuerte desarrollo del rubro educativo privado en los últimos años, particularmente en materia de universidades. Los estudiantes han pasado a tener múltiples opciones según su bolsillo y según su necesidad. Por otro lado y pese a la falencia de un estado que no cumple cabalmente con su papel esencial, siempre quedaba (queda) como alternativa, el ir a un establecimiento público.

Ahora el estado insiste en que las universidades privadas deben transformarse en fundaciones (entidades dedicadas a la beneficencia) y el propio Ministerio de Educación declara como “pecado” al lucro. Esto es inadmisible. Una cosa es regulación y controles, aspectos que nadie niega; otra muy diferente es satanizar el elemento final de todo emprendimiento particular: la legítima ganancia.

El que una unidad educativa gane dinero no solamente es bueno, también significa que ha estado bien manejada. Asimismo, genera mayores inversiones y expansiones, lo que de hecho ha sucedido y está sucediendo con muchas que mejoraron notablemente su infraestructura, dotación técnica y servicios. Por otro lado, aquellas universidades mediocres o medio “truchas”, han ido declinando; varias desaparecieron y otras lo harán pronto.

Malo, muy malo, lo que está pasando con las universidades y esto debe alertar a todo el sector privado sin excepciones. Amenaza, además, con propagarse a colegios y escuelas particulares, ya se han visto los embates. Si hoy es erróneo ganar dinero en la educación, mañana lo será con el ganado, industria, comercio, medios de comunicación, agricultura y hasta con las panaderías…

Pero no nos engañemos, esto es parte de lo que la actual administración llama el “estado colonial”, cuya obvia intención es destruirlo para instaurar su propio “orden”. Asimismo, es parte de un estatismo que puede llegar a límites intolerables por el fracaso histórico del estado como administrador, aunque ahora quiere meter su cuchara en todo, con los consiguientes y matemáticos desastres que pueden preverse.

La comunidad nacional  e internacional deben estar atentas a todo lo que signifique desmantelar la estructura jurídica de nación organizada que  une a Bolivia con  el mundo civilizado y nos tiende puentes hacia el progreso.

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira