BOLIVIA: EL INTERMINABLE DRAMA DE EXPORTAR GENTE

Ya lo dijo en su momento el famoso canciller de hierro Otto von Bismarck: “debemos exportar maquinaria e industria y crear empleos, para detener así la hemorragia provocada por la exportación de nuestra gente”. Y esto lo expresó poco después de la batalla de Sedán contra los franceses (1870), triunfo prusiano que consolidó la creación del imperio alemán mediante la unificación de sus diversas regiones, afianzando al mismo tiempo un creciente liderazgo militar e industrial en Europa que se transformó en motor exportador de primera magnitud, alterando positivamente el triste proceso de la salida humana. Hasta poco antes, los dispersos principados germanos tenían como principal material de exportación a su propia gente. Millones y millones de alemanes emigraron, particularmente a los Estados Unidos. Es más, hay estadísticas que demuestran que de cada tres soldados de la unión durante la guerra de secesión (1861-1865) contra el sur separatista, por lo menos uno era de origen teutón.

De la misma manera y durante casi todo el Siglo XIX y principios del Siglo XX, otros países europeos sufrieron la sangría que supone el ver partir en forma forzada a su propio pueblo ante la falta local de oportunidades. Pues, bien, estas cosas han cambiado en una Europa ahora próspera; hoy hay cierto “reflujo” de los mismos que se fueron o de sus hijos y nietos. Este fenómeno del retorno al viejo continente se da particularmente desde Argentina, país que si bien recibe inmigrantes limítrofes, también ostenta una alta salida de  muchos nacionales descontentos al exterior.

Y hablando de Argentina, hacia allí es hacia dónde emigra la mayoría de nuestros compatriotas, aunque también apuntan al Brasil, España y EE.UU. Mucho se mencionan los abusos y vale la pena esforzarse al máximo para remediarlos, pero el principal abusador, el principal culpable de lo que sucede en talleres de la esclavitud como los detectados en Buenos Aires o en cualquier otra parte del mundo, es el propio estado boliviano, nadie más. Si el estado boliviano es incapaz de ofrecer oportunidades y esperanza, ese estado es culpable del éxodo de sus hijos y de sus tristes consecuencias; no cabe explicación adicional.

Datos publicados recientemente calculan que unos tres millones de bolivianos residen en el extranjero, o sea, nada menos que la tercera parte de la población. Es como si Argentina tuviera sobre casi 40 millones de habitantes cerca de 13 millones viviendo en el exterior o como si EE.UU. sobre la base de 300 millones de seres, tendría 100 millones fuera de sus fronteras. El porcentaje es a todas luces altísimo; debería ser objeto de “alerta roja” y preocupación máxima por parte de las autoridades de turno.

Los mismos datos señalaron que la mitad de la actual población boliviana desea irse, si es que se le brindara la oportunidad de hacerlo. Quiere decir que de los 9 millones de habitantes hay solamente cuatro millones y medio que quieren permanecer en Bolivia o ¿cuál será la verdad? tal vez éstos se encuentran “clavados” y no pueden salir aunque quieran… El resultado final es tenebroso y hasta terrorífico, pero parece que nadie llega al fondo del problema: la  falta de creación de auténticas oportunidades para evitar el drama de exportar gente.

Mientras esas oportunidades no existan, mientras el país no sea confiable con estabilidad y crecimiento en el tiempo, mientras no ostente mecanismos aptos para su pleno desarrollo y creación de fuentes de trabajo, lo único matemático es que el éxodo proseguirá. Ojalá esto se revierta pronto, aunque sinceramente no veo las condiciones objetivas para lograr ese loable propósito en el corto plazo.

 

 

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