EL AGUA, SIEMPRE EL AGUA

Los días 10, 11 y 12 de mayo pasado se dedicaron en Campo Grande, (Mato Grosso do Sul), a un importante seminario internacional sobre aguas, el que fue auspiciado por la Asamblea Legislativa (Congreso) de ese estado brasileño fronterizo con Bolivia.

Tuve el honor de ser invitado al evento; pronuncié una breve charla sobre el agua como factor de integración entre nuestros pueblos. Por otra parte y dada la calidad de los expositores, aprendí mucho acerca del tema.

El agua está de moda en todo el mundo. Inclusive se habla de la posibilidad, en un futuro cercano, de conflictos bélicos por el control de los recursos hídricos. Dejando de lado el aire que respiramos –y que de quedarnos sin él por más de tres minutos perderíamos la vida– el agua es el segundo elemento más precioso para la sobrevivencia humana; unos pocos días sin agua bastan para morir. Además, conviene tomar nota de que hasta nuestro organismo está formado mayoritariamente por agua. El agua, siempre el agua, está presente en todos los aspectos de la vida.

Nuestro planeta tierra en realidad debería llamarse agua, ya que ésta controla el 75% de su superficie. Pero, claro,  mayoritariamente es agua salada y de poco sirve para las necesidades corrientes del ser humano, máxime que aún hoy en día el proceso de desalinización sigue siendo muy caro. Para todos los fines que no sean navegación, pesca y algunos usos exclusivos, la gente utiliza solamente el agua dulce y ahí comenzamos a tener problemas, sobre todo en algunas áreas donde esta preciosa sustancia escasea o es mal aprovechada.

Aunque América del Sur ocupa  solamente el 12% de la superficie terrestre, el continente genera alrededor del 28% de los recursos hídricos. Y eso, para una población que no alcanza el 6% del total planetario. En otras palabras, somos una región –salvo algunas zonas áridas– bendecida por la abundancia de agua. Otra cosa es que no la sepamos aprovechar…

El agua sudamericana proviene de las grandes cuencas (Amazonas, Plata, Orinoco, Magdalena, San Francisco), del subsuelo, de los glaciares australes, de los deshielos cordilleranos y de los lagos, resaltando entre ellos por su extensión el  lago Titicaca.

El agua, entonces, en Sudamérica ya  la tenemos en forma de “stock” abundantemente. A ello debemos agregarle la forma de “flujo”: las precipitaciones pluviales anuales, de un promedio elevado y que nos aseguran pleno abastecimiento del precioso líquido que resulta, por tanto, un recurso natural renovable.

América del Sur genera una disponibilidad promedio regional de agua dulce estimada en 30.000 m3 por habitante. Son cifras impresionantes, pero también hay que recordar que mucha gente en el continente permanece con problemas de acceso al agua, no cuenta con servicios sanitarios básicos y sufre de la falta de agua potable, lo que crea enormes problemas de salud. Se calcula que más de 100 millones de sudamericanos se encuentran sufriendo por falta de agua bajo alguna de sus modalidades. En un continente con tanta abundancia acuífera, esto es una cruel paradoja, que nos demuestra claramente que el problema del agua no es su escasez sino su mala administración.

En conclusión: al agua hay que cuidarla y mantenerla con buenos métodos de gerencia y usos racionales, eso es lo básico. 

Para terminar y hablando de agua, conviene saber que para un kilo de papa en el mercado ya se consumieron previamente mil litros de agua; para un kilo de maíz 1.400 litros; para una gallina 4.200 litros y antes de comerse un kilo de carne en sus casas, recuerden que para llegar éste a sus mesas se han consumido  con anterioridad  nada menos que ¡42.000 litros de agua!

 

 

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