Reflexiones sobre temas constitucionales

Agustín Saavedra Weise

06-07-2007

Estas ideas tienen su fuente en la intervención que tuve hace tiempo en el seminario sobre Reformas a la Constitución Política del Estado (H. Senado Nacional, 10 de marzo de 1993) y que fue objeto de un librito alusivo; seguramente muy pocos han podido leerlo o lo conocen. Algunos datos adicionales fueron adaptados de www.wikipedia.org. Karl Loewenstein (1891-1973), padre del constitucionalismo moderno, manifestaba que el ser humano juega su papel social sobre la base de la famosa tríada: amor, fe y poder. Estos tres valores mayoritariamente han movilizado a los individuos a lo largo de la historia. Loewenstein consideraba tres tipos de constituciones: a) normativas: su contenido e inspiración responden bien a las directrices democráticas que la rigen; b) nominales: su contenido no siempre responde a las directrices democráticas, sea por su contenido, sea por la realidad local. La mayoría de las constituciones del mundo son en cierto modo nominales; c) semánticas: también llamadas pseudoconstituciones, con las cuales los gobiernos dictatoriales disfrazan su autoritarismo. A su vez, el filósofo alemán clasificaba los regímenes políticos en autocracias, donde el poder se concentra en unas pocas personas y democracias, expresión de la soberanía popular y con controles para sostener el Estado de derecho. Esta clasificación no debe hacerse solamente mirando las leyes que regulan tales institucionalidades, sino también a las prácticas que se observan, ya que la sola existencia de una Constitución no es suficiente para catalogar a un gobierno como democrático o autoritario. Falta la prueba ácida de la realidad concreta. Personalmente, opino que en Bolivia siempre se tuvo la tendencia a redactar constituciones largas y con demasiados detalles; tal vez de ahí los sucesivos fracasos y cambios, más de 17 si no me equivoco. Una norma fundamental debe ser simple y con posibilidades concretas de reglamentaciones. La Constitución de Estados Unidos es breve, clara y concisa; lleva más de 230 años sin ser alterada. Las modificaciones y las actualizaciones se han realizado mediante enmiendas. Esta verdadera joya constitucional ha sobrevivido y sobrevivirá exitosamente el desafío del tiempo. En Sudamérica tenemos la Constitución argentina que estuvo vigente desde 1853 hasta 1994. No casualmente, por cierto, en muchos aspectos era un calco de la Constitución de EEUU. El texto argentino era también corto: solamente 110 artículos. En el caso boliviano, lo ideal sería redactar una Constitución menos extensa y con menos especificaciones, que deben estar a cargo de leyes secundarias. La norma primaria debe ser global, sin entrar en detalles. Por definición, tiene que sentar las premisas fundamentales del ordenamiento jurídico nacional (parte dogmática, orgánica y regímenes especiales), nada más. Todo este razonamiento, sin embargo, es totalmente fútil en la Bolivia ‘intercultural’ de julio de 2007. La Constitución actual tiene 234 artículos (bastante larga) mientras la nueva que propone la Asamblea Constituyente ya lleva 717 largos artículos y promete seguir sumando… Se está gestando una enciclopedia constitucional, un mamotreto ‘plurinacional’ tan ‘pluriconfuso’ y tan ‘multiamplio’, que forzadamente estará destinado al fracaso. Así andamos, así estamos.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia