La lógica del espacio y recursos naturales

Agustín Saavedra Weise

25-05-2007

El espacio geográfico es vital, aunque hay algunos que desdeñan esto. Como ya expresé, el espacio guarda las huellas del pasado y, también, la dinámica de la naturaleza. El espacio geográfico se modifica por sí y en sí; los seres humanos lo han cambiado a lo largo de la historia, ahora con mayor facilidad por el creciente desarrollo tecnológico. A muy corto plazo, el espacio ‘está ahí’, es estático, pero puede ser factor determinante o limitativo en el largo plazo. El afán de ganar espacios o el miedo de perderlos origina conflictos. Bolivia es un triste testigo histórico de esta aseveración geopolítica. Precisamos espacio para comer, para dormir, para sentarnos, para cultivar, para criar ganado, para montar una fábrica; hasta para pelear precisamos de una dosis espacial que nos permita realizar nuestros movimientos, sea en una pelea entre dos o en una lucha entre naciones. Al final, el espacio es siempre necesario e imprescindible. Sólo aquél (o aquello) con espacio adecuado crece y sobrevive. Hoy se asiste a una creciente revalorización del espacio geográfico y se impone lograr su dominio efectivo, el que supera la mera ocupación territorial, otro aspecto negativo que caracteriza a Bolivia, ya que nuestro país –como he reiterado tantas veces– aún sigue sin dominar su espacio interior y solamente lo ocupa formalmente. No en vano las llamadas superpotencias de ayer –Rusia y EEUU– y la única superpotencia de hoy, Estados Unidos (ésta con dominio militar unipolar desde el colapso de la URSS), han sido lo que fueron, son lo que son: a escalas razonables de población ofrecen formidables espacios con abundantes recursos naturales. Cabe acotar que el dominio de un gran espacio no significa necesariamente autarquía, sino y de acuerdo con el potencial económico y tecnológico, mejores posibilidades para participar exitosamente en la globalización. Los pueblos industrializados de hoy, aunque tengan alta cultura técnica y de crecimiento, son fuertes pero con pies de barro. Ejemplo: la carencia de espacio hace vulnerables a Japón y a gran parte de Europa. El actual momento histórico marca un punto de inflexión que lleva la curva a favor de los países con espacio y, por tanto, con recursos naturales estratégicos. Poco a poco y aunque ahora no se note debido a la maraña del mundo globalizado, los países emergentes con espacio son los que saldrán hacia adelante; son los dueños del futuro. Para lograrlo, eso sí, les hará falta un profundo cambio mental que acompañe el proceso y entonces será la verdadera hora de los pueblos dueños de espacio y para la sana expansión, progreso y bienestar de sus habitantes. Ni la tal ‘maldición de los recursos naturales’ que algunos propugnan ni el desdén por el espacio tienen asidero. El verdadero fantasma estará en el marco de sociedades superpobladas y sin materias primas que podrán llegar al límite de su desesperación en un cercano futuro. El tiempo no trabaja a favor de los países pobres en espacio. Como dijo el gran estudioso de los espacios europeos, Jordis Von Lohausen, renunciar al espacio es renunciar a la vida. Más espacio significa políticamente más alimentación, más materias primas y recursos, mayor libertad de movimiento, más lugar para la gente propia. Quien tiene espacio suficiente no necesita dejar emigrar a sus hijos o limitar su nacimiento. He aquí las auténticas tareas pendientes para Bolivia, país bendecido con abundante espacio, recursos naturales y poca población. Tales tareas pendientes no serán ciertamente las de un fragmentado y caótico Estado ‘plurinacional’, sino las de una nación indivisible unida por la voluntad de sus hijos y con la misma voluntad común de potenciarse.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia