¿Qué será de este nuestro país?

Agustín Saavedra Weise

27-04-2007

Recientemente se unieron los prefectos de Oruro y de La Paz ‘en defensa’ de la permanencia de esta última ciudad como sede de Gobierno. Según noticias de prensa, el partido oficialista ha decidido respaldar esa tesitura y ordenó a sus miembros en la Asamblea Constituyente que no apoyen más el cambio de poderes hacia Sucre, capital histórica y legítima de la República. Inconcebible pero cierto. Y se procede con sentido casi mezquino, atacando a su vez a quienes propugnan el traslado con el ya repetitivo –falso– argumento de ‘divisionistas’. Ni los propios paceños se percatan de que su rico departamento florecerá y prosperará muchísimo una vez desligado de la sede de Gobierno. No señor, se aferran a su vaquita flaca (la sede) sin percibir lo que tienen alrededor y que podrían explotar abundantemente, al mismo tiempo que le dan a Bolivia una nueva chance histórica. Es lamentable que el tema se regionalice, pues es de interés general. Como lo expresé en varias ocasiones, la actual sede de Gobierno ha cumplido su ciclo y debe trasladarse a un lugar que se acerque al nuevo centro de gravedad del país, tal como se hizo en otras naciones cuyos dirigentes sí han tenido visión estratégica. Por otro lado, nadie construye su castillo en un pozo ni en un lugar que puede ser bloqueado y tomado con mínimo esfuerzo; una sede de Gobierno debe intentar ser inexpugnable. La Paz no lo es y solamente por eso el traslado debería ser inmediato, ya que en la actualidad dos poderes del Estado son prisioneros de cualquier sitiador o alborotador de turno y eso no puede ser, no se puede gobernar normalmente con semejante amenaza permanente. La Paz es excéntrica y con ella como capital, Bolivia se asemeja geopolíticamente a un barco pesado de proa con peligro de naufragar. Además, la altura paceña restringe reuniones internacionales de beneficio para el país. Pero, en fin, está visto que estas elementales consideraciones acerca de la sede de Gobierno no preocupan a la dirigencia y no son prioridades, aunque ciertamente deberían serlo. Por otro lado, se insiste en la creación de un Estado ‘plurinacional’ superando en número de ‘nacionalidades’ a las que otrora tuvo el extinto imperio austrohúngaro y con el riesgo de disminuir aún más la peligrosamente frágil legitimidad horizontal de Bolivia. En esa especie de mamarracho constitucional que ‘intramuros’ se está gestando, me temo que se presentarán innovaciones muy peligrosas para la unión, la estabilidad y el progreso futuro de la comunidad nacional. Asimismo, se desconoce el voto por las autonomías y la ley que le dio origen. Otro conjunto de políticas simplemente copiadas del exterior se agrega a esta alarmante coctelera. Basta citar el reciente rechazo a los biocombustibles, pese a la riqueza potencial boliviana para alimentar holgadamente a su población y al mismo tiempo utilizar la caña de azúcar, el maíz, la soya y otras oleaginosas en la generación de energía renovable y no contaminante, trayendo así empleos e inversiones. Sí, todo está al revés, todo es un ‘cambalache’; la dañina coca vale más que la noble quinua, la wiphala es más que la gloriosa tricolor, etc. Reiteradamente manifesté que el futuro de Bolivia sería venturoso si hacemos bien lo que hay que hacer, pero como viene la mano ahora, lo único que puedo vaticinar es que Bolivia será cada vez más miserable y conflictiva. Lo lamento por mis hijos y los hijos de mis lectores, como también por los nietos que algún día vendrán.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia