Mujeres poderosas y mujeres discriminadas

Agustín Saavedra Weise

07-12-2007

Tal como comenté en la nota ¡Mujeres al poder! tenemos cada vez más representantes femeninas en la política, como Cristina de Kirchner, en Argentina; Angela Merkel, en Alemania; Michelle Bachelet, en Chile; Hillary Clinton y Nancy Pelosi, en Estados Unidos, etc. Reitero en esta ocasión la satisfacción por este hecho, al que considero altamente propicio en todos los órdenes, comenzando con aquello elemental de la igualdad de género y de oportunidades. Pero el mundo asiste simultáneamente a una cruel paradoja. En paralelo con el creciente número de mujeres poderosas, tenemos todavía en este planeta lugares donde la discriminación es terriblemente notoria. Tal el caso de Arabia Saudí y de otros países en Asia y África, donde se ejerce un cruel despotismo antifemenino. Es por eso que Mona Eltahawy, periodista egipcia residente en Nueva York, acaba de publicar un sentido artículo al respecto, reproducido el pasado 1 de diciembre en La Nación de Buenos Aires y del que extraigo algunos conceptos. “En Arabia Saudí, el mal es un apartheid más genérico que racial. Pero la comunidad internacional lo observa en silencio, sin hacer nada”. Prosigue la autora: “La mujer saudí no puede votar ni conducir vehículos. No puede recibir asistencia médica en un hospital ni viajar sin la autorización por escrito de un tutor masculino. No puede cursar los mismos estudios que le están permitidos al varón y está excluida de ciertas profesiones. Se le niegan muchos de los derechos que la Sudáfrica del apartheid denegaba a los habitantes negros y mestizos”. Como pauta explicativa, Mona señala que una joven saudí, violada en 2006 por siete hombres, fue condenada con 90 latigazos, y todo por haber estado en el momento del crimen con un hombre que no era su pariente, ya que la ultraortodoxa interpretación saudí de la ley islámica predica la segregación estricta de los sexos. Se nos cuenta luego que la muchacha tuvo la temeridad de apelar y de difundir su caso en los medios, lo que elevó su pena a 200 latigazos y seis meses de cárcel. Pocos gobiernos han condenado ese vil comportamiento. Tal apatía tiene una explicación fácil: Arabia Saudí posee la mayor reserva petrolera del planeta. Las atrocidades saudíes suman y suman. También se nos cuenta que en 2002 se incendió una escuela y murieron 15 alumnas. Los ‘guardianes de la moral’ (un cuerpo policial) no las dejaron salir a las pobres chicas ni permitieron que los bomberos las rescaten, porque no llevaban el manto negro ni el chal que toda mujer debe usar en público. En Somalia y otras regiones africanas es común la ablación de las partes íntimas de las niñas de corta edad, lo que provoca luego traumas psíquicos de por vida y, en lo inmediato, numerosas muertes debido a las inevitables infecciones. Vemos, pues, que frente a unas cuantas afortunadas mujeres poderosas, hay millones de mujeres injustamente castigadas en el mundo, sumando a ello la violencia doméstica. Esto debe terminarse. He aquí la doble moral que el mundo debe superar por completo antes de la plena incorporación femenina al poder político. He aquí también la lucha internacional que deben llevar adelante las mujeres actualmente en el poder para evitar que sigan consumándose horrores contra sus iguales en otras latitudes menos felices para su género que aquellas en las que ejercen liderazgo.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia