El mundo ve con buenos ojos la globalización

Agustín Saavedra Weise

12-10-2007

Según una reciente encuesta del PEW Research Center (pewresearch.org), una organización especializada en acumular datos diversos con sede en Washington DC, el mundo percibe como positivo –en líneas generales– el creciente proceso de globalización, que ya lleva un poco más de dos décadas y no tiene intenciones aún de concluir ni de frenarse; todo lo contrario. Existen algunas susceptibilidades con respecto a los efectos colaterales de la globalización, como amenazas a las culturas propias, daños al medio ambiente y los desafíos que presentan hoy las masivas migraciones, sobre todo las que se dan hacia Europa y Estados Unidos. En algo coinciden todos los encuestados de diversos países: el comercio es una buena cosa y comercio es justamente lo que la globalización ha impulsado enormemente en los últimos tiempos, aunque –paradójicamente– es en las naciones industrializadas donde ha caído un poco su nivel masivo de aceptación. Por otro lado, a fines de 2007 el crecimiento no es uniforme, pero es continuo y la ola mundial de prosperidad se siente –en mayor o menor escala– en todo el orbe, dejando así triunfante una vez más al capitalismo y sus procesos innovadores –la tecnología y la capacidad empresarial– como factores clave para el desarrollo y para la generación de empleos. El mundo apoya muy favorablemente los procesos democráticos y la continuidad de la democracia. Solamente en cinco naciones la opinión se mostró favorable por soluciones autoritarias. Inclusive en los países islámicos se consideró que, dadas las condiciones internas propias, la democracia –tal como la entendemos en Occidente– podría ser exitosa y sería lo mejor para todos. La encuesta internacional de PEW, en líneas generales, refuerza la irreversible tendencia globalizadora que envuelve al mundo y de la que nadie se puede escapar. Ni siquiera los más estridentes voceros antiglobalizadores y los gobiernos que le hacen coro (como el nuestro en Bolivia) o los movimientos ‘antitodo’, que pululan en cada cumbre globalizadora con sus respectivas ‘contracumbres’, pueden evadirse del proceso. Ellos mismos, aunque se dediquen a protestar, ya están globalizados, son parte dialéctica del proceso. Como lo he venido diciendo durante años, el tema esencial en Bolivia no es estar a favor o en contra de la globalización; el asunto de fondo radica en saber calificar y cuantificar las ventajas y desventajas del inevitable proceso globalizador, para así obtener una suerte de matriz tipo ‘minimax’, donde podamos calcular cómo perder lo mínimo y ganar lo máximo. Guste o no, la globalización vino para quedarse y lo hará por un buen tiempo hasta que se cumpla su ciclo e ingresemos en uno nuevo, el que no me atrevo a vaticinar cuál será. Esta lección didáctica que nos da la encuesta acerca de los efectos de la globalización en el mundo y que cité en el inicio de la nota debemos asimilarla sobre todo en Bolivia, país que precisa con urgencia verdaderos cambios profundos, y conste que por ‘cambios profundos’ no me refiero a propiedades o justicias comunitarias, ni al indigenismo ni a 36 naciones en un Estado plurinacional u otras pseudonovedades del momento. Me refiero, puntualmente, a los cambios profundos (de verdad) que nuestro país precisa para transformarse cualitativamente, para progresar y para insertarse adecuadamente en el contexto internacional.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia