* Ex canciller, politólogo y economista.

Sin estabilidad jurídica no hay nada

Agustín Saavedra Weise

11-05-2007

Luis Pazos es presidente honorario del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa (www.cisle.org.mx) de México. En su libro El Derecho como base del crecimiento, revisa la historia y afirma: “Las sociedades más antiguas no son las más desarrolladas; el progreso depende de la estabilidad del Derecho”. Sabias palabras en verdad y que deben hacernos reflexionar seriamente aquí en Bolivia, donde mientras por un lado alardeamos de una consolidada estabilidad macroeconómica, a escala jurídica tenemos una inestabilidad verdaderamente alarmante. Continúa Pazos: “Si no existe un entorno que estimule y garantice el crecimiento, una sociedad puede estancarse o retroceder con el pasar de los años. Hay sociedades relativamente nuevas, como la canadiense o la australiana, y han alcanzado mayores niveles de crecimiento que muchas de las sociedades antiguas. El entorno jurídico –no la raza ni la religión ni el tiempo– es el ingrediente social que marcó durante el siglo XX las grandes diferencias”. Creo que este razonamiento se extiende también al tercer milenio que transitamos y urge aplicarlo en Bolivia para consolidar pautas de progreso. Al final, y como afirma el autor que gloso, las leyes que rigen una sociedad son las que determinan que ésta retroceda, se estanque o crezca. No en vano comunidades milenarias son hoy muy atrasadas y otras relativamente nuevas son altamente avanzadas. El quid de la cuestión estriba en la seguridad, en un ambiente jurídico generador de confianza. Si por un fortuito azar favorable, usted amigo lector, mañana se saca el ‘gordo’ de la lotería española con su premio millonario, lo más probable es que piense en depositar su flamante fortuna en un lugar seguro. Casi con certeza el nombre de Suiza saltará en su mente y probablemente guarde allí su plata. Usted ni siquiera sabe (yo no lo sé en este momento) quién gobierna ese pequeño gran país europeo ni le interesa; todo lo que sabe es que Suiza ofrece garantías y solidez a su dinero. Si bien el caso helvético puede ser excepcional, es un hecho que cuando un país es depositario de la confianza colectiva sin fijarse en el gobernante de turno, ese lugar es casi el pináculo de la estabilidad. En cualquiera de los países emergentes, lo más probable es que consulte quién está en el Gobierno, qué piensan hacer con la economía, si habrá nacionalizaciones o privatizaciones, etc. Luego de una serie de averiguaciones, tal vez usted guarde su dinero allí, tal vez no. Ésta es la diferencia entre estabilidad e inestabilidad jurídica. A la hora de decidir cómo invertir o meter capitales, resulta fundamental. Esto de la confianza se va perdiendo en Bolivia desde hace rato y en la coyuntura actual la pérdida se hace más vertiginosa. Si pasamos de la seguridad jurídica para guardar fondos a la del transporte, vemos que aunque Bolivia tenga (no es el caso hasta ahora) espléndidos corredores bioceánicos, un productor de Cuiabá –por citar un lugar de la Sudamérica interior circundante– lo pensará dos, cuatro y diez veces antes de mandar sus camiones por nuestro territorio, aun a sabiendas de que así ahorrará tiempo y dinero para llegar a puertos del Pacífico. Lo más probable es que la feroz manía bloqueadora y la incertidumbre sobre el tránsito normal en las carreteras bolivianas desalienten al productor de marras. Así son las cosas, guste o no. De estos sencillos ejemplos podemos pasar a lo más complejo y el fantasma boliviano persiste: ningún país puede desarrollarse y lograr un cambio cualitativo sin reglas claras y permanentes que garanticen acciones, inversiones, tránsitos y procesos.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia