Elvis Presley: treinta años después

Agustín Saavedra Weise

17-08-2007

Tal como lo hice hace 10 años dándome una licencia algo frívola, recuerdo nuevamente ahora –al cumplirse 30 años de su fallecimiento, el 16 de agosto de 1977– a Elvis Aaron Presley, conocido en vida y venerado hasta hoy como el ‘rey del rock and roll’. Con su muerte, a los 42 años de edad, nació la leyenda y se acrecentó el mito. Hay quienes aseguran que Presley aún vive en la clandestinidad. Hasta se ha formado una secta religiosa –de las miles que pululan en Estados Unidos– sobre la figura del cantante. No faltaron fanáticos que construyeron un anagrama basado en su nombre formando la palabra en inglés ‘lives’ (vive). Como siempre, las festividades se centran alrededor de su antigua mansión Graceland ubicada en la ciudad de Memphis (Tennessee), convertida ahora en museo del rock y en ‘la Meca’ de los amantes de esa música ‘pop’ que Elvis llevó al paroxismo en la década de los 50. Presley nació el 8 de enero de 1935 (Tupelo, Missouri), en un hogar de precaria situación económica. Camionero y cantante aficionado de música folclórica, Elvis se encumbró mundialmente gracias a su propio talento y al inteligente ‘timing’ de su astuto ‘manager’, el no menos legendario Coronel Tom Parker (1909-1997). Este pintoresco personaje le hizo sobrevivir por mucho tiempo y quedó hasta su propia muerte a cargo de los asuntos comerciales del finado cantante, cuyas fabulosas ganancias pasaron a ser en favor de su única hija Lisa Marie Presley. Durante las primeras épocas rockeras, aspectos, figuras, modismos, posturas y movimientos que ahora parecen casi infantiles, eran verdaderamente escandalosos. Se generaron agrias controversias en el seno de la puritana y racista sociedad estadounidense de ese entonces por la irrupción de una música que desafiaba al ‘establishment’. Ésta tenía sus orígenes en la ‘satánica’ mezcla del tradicional ‘country’ de los campesinos blancos con el ‘rithm and blues’ de los negros pobres del sur. En medio de las bataholas provocadas por una juventud excitada al calor del nuevo ritmo del rock and roll (literalmente: mecerse y enrollarse), los expertos aseguraban que si aparecía un blanco con voz de negro, ése sería el ‘rey’. Su ‘coronación’ garantizaría para el futuro la continuidad y la legitimidad de esa flamante música. Tiempo propicio, suerte, oportunidad, o la mezcla de todos ésos y otros factores, se dieron justamente en Elvis Presley; pasó a ser el indiscutido rey. Manipulado hábilmente por Parker, ganó millones, fama y fortuna. Elvis se convirtió en paradigma de las nuevas generaciones rockeras y el ritmo perduró. Hoy en día, nietos, hijos, padres y abuelos ya sesentones, a veces tienen poco en común, pero a casi todos les gusta el rock. Como acertadamente predijo la letra de una vieja canción: ‘el rock and roll está aquí para quedarse’. Se quedó y se quedará. El controvertido Elvis, endiosado ya en vida, no es menos sacralizado ahora en este nuevo milenio. Sus discos se siguen vendiendo bien, montañas de libros se han publicado acerca de él y la principal avenida de Memphis se llama Elvis Presley, añadiendo a ello innumerables actos recordatorios en cada aniversario de su muerte.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia