Problemas en el Ártico y potenciales conflictos

Agustín Saavedra Weise

21-09-2007

Al revés que en su contraparte sur, donde existe un continente helado pero con tierra por debajo (Antártida), el Ártico es solamente hielo. La tendencia –debido al calentamiento global– es que disminuya esa capa helada, tal como se viene pronosticando desde hace años y con el desastre ecológico que ello significará si llega a ser realidad el anuncio científico, que asegura el casi total deshielo ártico para fines del siglo XXI, de aquí a más o menos 60 años, muy poco en términos de historia de la humanidad. El Círculo Polar Ártico corresponde al paralelo de latitud 66° 33’ 38” al norte del Ecuador. Su área de influencia geopolítica incluye a Dinamarca (poseedora de Groenlandia), Estados Unidos (por Alaska), Canadá, Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia. Como es sabido, recientemente el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó desplegar una bandera rusa de titanio en el fondo del Polo Norte, creando cierta conmoción en la comunidad internacional por las implicancias de dicha acción, que fue ejercida por submarinos militares. Y no es para menos, se calcula que debajo del Mar Ártico existen gigantescas reservas de minerales, gas y petróleo. Ahora que el deshielo permite la explotación de algunos de esos recursos y abre la zona para la navegación, se están creando problemas y susceptibilidades de todo tipo. A todo esto, y más allá de algunas convenciones de naturaleza ecológica, no existe en la actualidad un acuerdo internacional concreto con respecto al Ártico, como sí existe en el Antártico, donde varios países suscribieron el Tratado respectivo el 1 de diciembre de 1959 y que entró en vigor el 23 de junio de 1961. Frente al actual panorama, la firma de un Tratado Ártico se impone y ojalá se lo haga a la brevedad, ya que solamente así se podrá regular la protección del medio ambiente y lograr armonía en una eventual escalada hacia la explotación de las materias primas de la región, como asimismo intentar conciliar las diversas pretensiones territoriales sobre el lecho marino. Por otro lado, pienso que la Convención del Mar de 1982 deberá ser revisada para lograr la citada armonía entre las partes, sobre todo por el tema de las 200 millas de zona económica exclusiva. A todo esto, los expertos vaticinan una crisis mayor –y de proporciones universales– si prosigue el deshielo polar ártico y se liberan cantidades nocivas de materiales tóxicos hacia la atmósfera. El panorama es complicado y surge justo cuando Rusia está reafirmando su presencia militar mundial mientras EEUU se encuentra jaqueado por su malhadada invasión a Irak. Los otros países del área obviamente también tienen y tendrán su opinión, pero la verdadera solución (o el conflicto) se dará entre el oso ruso y el águila estadounidense. Confiamos en que prime la voluntad de lograr un entendimiento que preserve la calidad del Círculo Polar Ártico en términos de ambiente, flora y fauna, sin desmedro de la concertada explotación compartida de algunos recursos, siempre que eso no ponga en peligro la ya maltratada salud ecológica de nuestro planeta.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia