Recordando a Bartolomé Mitre

Agustín Saavedra Weise

10-02-2006

La figura del argentino Bartolomé Mitre es reconocida tanto en su país de origen como en América. Historiador, periodista, militar y estadista, nació el 26 de junio de 1821 y falleció el 19 de enero de 1906. Hace poco se celebró en Buenos Aires el siglo de su partida. Recordando anteriores notas mías sobre el personaje, rescataré brevemente su permanencia en Bolivia. A los 26 años de edad, Mitre toma el camino del exilio y llega a La Paz en 1847. Allí encuentra refugio nada menos que en la residencia del presidente José Ballivián. Al poco tiempo, Ballivián le pide que colabore en la organización del Colegio Militar; éste se pone manos a la obra y desarrolla las bases de esa institución. Eran comunes en Bolivia durante esa época los levantamientos; Ballivián tuvo que sofocar muchos. A su lado estuvo Mitre, participando en varias acciones contra recurrentes motines y ganándose la simpatía del mandatario, pero también la antipatía de muchos opositores. Mitre era un agudo observador de paisajes. El altiplano –con su mezcla de grandiosidad y tristeza– siempre lo impresionó mucho. Por allí Mitre tuvo que marchar forzadamente hacia otro exilio en 1848, cuando asumió el poder Manuel Isidoro Belzu y se ordenó de inmediato su expulsión. Escoltado hasta la frontera con Perú, Mitre aún tuvo tiempo y espíritu para admirar las ruinas de Tiwanaku. Posteriormente, escribió lúcidos comentarios sobre ellas. De Perú, Mitre pasó a Chile y de allí volvió a su patria, donde se encontró definitivamente con su destino, llegando a ocupar la Presidencia argentina y fundar además el diario La Nación. Durante su larga vida, Mitre fue observador, testigo y actor de hechos que poco a poco iban transformando a los países de América –nacidos con el pecado original de la desunión y el sectarismo– en verdaderos Estados nacionales, teniendo en su propia Argentina –por entonces pujante y vigorosa– el mejor ejemplo y el sendero para sus acciones y creaciones. Mientras residió en Bolivia, los artículos de Mitre ya reflejaban al futuro estadista. Mitre sostenía: “Para matar la pasión política del pueblo boliviano, que en la práctica se reduce a perseguir un puesto rentado de la nación, conviene crear la riqueza pública y privada, fomentar la inmigración y el incremento de las industrias, independizarse, en fin, económicamente, para dejar a un lado la política y no preocuparse del bien público sino cuando los que lo gerentan amenazan, con sus imprudencias o su ignorancia, el bien privado”. He aquí otra cita de Mitre verdaderamente magistral y profética: “Bolivia es una nación con sus vías de comunicación atrofiadas. El porvenir de Bolivia no está en el occidente, sino en la parte donde nace el sol... Por eso debe tender a encontrar una salida por el Atlántico, buscando por el oriente el aire, el espacio y la luz que le falta por el Pacífico... y con el Pilcomayo y el Paraguay como posibles vías de salida al mar”. Esto, escrito en el siglo XIX, en pleno auge de la economía minera y antes de la pérdida de nuestro Litoral marítimo, fue realmente visionario. Más de 150 años después, la premonición de Bartolomé Mitre es realidad concreta; marca el presente y el porvenir de Bolivia, signados ahora por la creciente utilización de la Hidrovía Paraná-Paraguay y por la economía de la llanura, ya no por la de las montañas. La permanencia de Mitre en Bolivia –aunque breve para su extensa y fecunda vida– fue un hito importante en su formación y en su encuentro consigo mismo, para culminar luego su glorioso destino. Creo, en verdad, que Bolivia marcó a Bartolomé Mitre de por vida .

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia