Quinua: ¡claro que sí!; coca: ¡hum…!

Agustín Saavedra Weise

10-03-2006

Por razones que son de conocimiento público, el tema de la hoja de coca ha tomado otro cariz. Ahora se piensa en su posible ‘despenalización’; también en introducirla como alimento basado en sus potenciales ‘nutrientes’, nutrientes que por lo demás no son exclusivos de la hoja, pues los tienen muchos otros vegetales menos dañinos. Y lo de dañino espero que no sea ofensa para nadie, pero el hecho fundamental y de peso absoluto es que la hoja de coca sirve como materia prima –es la única fuente– para la elaboración de clorhidrato de cocaína, una de las drogas más adictivas y peligrosas del mundo. Solamente por esto, la hoja de coca debería ser mirada con cautela y no con el entusiasmo que hoy se propala a los cuatro vientos. Todos los bienes y las ventajas que podría tener la hoja –reitero– no son nada frente al perjuicio que ocasiona al transformarse en un terrible estupefaciente que circula por el mundo con su carga perversa de adicciones, tragedias y delincuencia. Brasil y Argentina recibieron el año pasado un 25% más de ‘importaciones’ de droga proveniente de Bolivia. Con la posibilidad, ahora, de incrementar los cultivos –ya sustancialmente mayores hoy que en el pasado reciente –, la triste posibilidad de aumentar ese de por sí ya alto porcentaje persiste de forma amenazadora. Y estamos citando solamente el aumento del volumen del narcótico en los principales países limítrofes; con el resto del orbe sucede algo penosamente casi igual. La verdad es que, en mi modesto entender, 40.000 cocaleros no pueden fijar la agenda nacional de nueve millones de bolivianos, aun si su máximo dirigente es el Presidente de todos y ha sido elegido por mayoría absoluta. Más bien y con mayor razón, debido a su gran legitimidad, S.E. el presidente, Evo Morales, tendrá que intentar conciliar inteligentemente los criterios de la inmensa mayoría popular con los del sector cocalero que lo encumbró a la vida política. En lugar de tanta propaganda oficial con respecto a la hoja de coca y sus potenciales virtudes, resulta extraño que no se promocione adecuadamente la quinua, grano originario de Bolivia, de extraordinarias cualidades y sin ningún elemento en contra. La antigua proteína de los incas tiene nutrientes mucho más valiosos que los de la hoja de coca y merece todo el apoyo del pueblo y del Gobierno. Las bondades de la quinua han sido ponderadas hasta en la Casa Real de España, como también por la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) e infinidad de estudios y científicos de comprobada seriedad. Punto por punto, nutriente por nutriente, la quinua le ‘hace bolsa’ a la hoja de coca, y su inserción plena en los mercados mundiales amerita un sí rotundo, como también un apoyo incondicional a todos los impulsos que se realicen para aumentar su producción y exportación. El de la noble quinua ciertamente no es el caso de la coca, que, por muy popular y ‘sagrada’ que sea en el occidente boliviano, lleva consigo la lacra del narcotráfico potencial de su producción, sin contar el origen colonial del ‘acullico’ o ‘picceo’, hábito que fue inducido cruelmente por los conquistadores españoles para que los indígenas trabajaran más –y comieran menos– en las duras tareas mineras con las que los explotaban sin piedad. Ése es el triste origen del tal ‘consumo tradicional’, consumo que más bien debería ser también por dicha causa objeto de rechazo, en lugar de ser ensalzado hasta en ceremonias públicas, como últimamente es usual ver. ¡Quinua hasta el fin y ojalá sea promocionada como debe ser! ¿Coca? ¡Hum...! y no digo más nada. El lector tiene la última palabra.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia