La legitimidad horizontal sigue bajando

Agustín Saavedra Weise

10-11-2006

Oportunamente comenté los importantes conceptos de legitimidad horizontal y vertical en el marco de legitimidad integral de una sociedad. El 12 de mayo pasado manifesté preocupación por una legitimidad horizontal cada vez más débil. Varios meses después, el fenómeno en Bolivia se ha incrementado y puede llegar a niveles de colapso. La legitimidad horizontal tiene que ver con el nivel de cohesión y aceptación entre diferentes grupos dentro del espacio de la comunidad. La legitimidad vertical mide la relación entre gobernantes y gobernados. En Bolivia tuvimos una legitimidad vertical débil hasta el 18 de diciembre de 2005 y actualmente ésta es fuerte; nadie discute la legitimidad que emana del actual mandatario. Paradójicamente, es esa misma legitimidad vertical –ahora sólida– la que fogonea negativamente a la horizontal, de suyo más frágil, sin percibir que un Estado puede colapsar por la erosión de alguna de estas dos legitimidades, ya que ambas interactúan y se refuerzan mutuamente, en particular la legitimidad de mando (vertical) con respecto a la legitimidad étnico-territorial (horizontal). La Asamblea Constituyente poco ha hecho de útil hasta el momento, salvo sembrar nuevas fisuras en torno a la legitimidad horizontal y ahondar diferencias entre pueblos y regiones. Lo propio acontece con el Poder Ejecutivo. La falta de legitimidad horizontal es el principio de la desagregación; toda unidad política debe hacer lo posible por revertir dicha falta de legitimidad, no por hacerla crecer. Bolivia no está en el contexto internacional en la mejor de las situaciones. En la escala de estados fallidos a problemáticos ostenta un índice de 82,9. Sudán tiene un índice de 112,3 y Haití 104 (http://www.fundforpeace.org). Mayor razón para andar con cuidado, para evitar el probable colapso. El actual Gobierno se parece al personaje que recibe en buena ley (ganó las elecciones indiscutiblemente) una casa modesta de buenos cimientos, aunque con carencias y desigualdades. En lugar de superar problemas, generar igualdad de oportunidades y reforzar cimientos, el nuevo dueño –con su afán transformador– crea rivalidades entre los moradores y comienza a hacerle agujeros a la casa por todas partes terminando por destruirla, tal vez sin darse cuenta. De otra manera no se explica esta manía de vivir creando problemas. La última complicación es un proyecto de regionalización que prácticamente descuartiza los departamentos y promueve un esquema ‘plurinacional’ en lugar de cimentar el concepto de nación, de una macroidentidad común que una a los bolivianos en la diversidad. Aún hay tiempo, pero el reloj avanza y no es a favor. Si cae la legitimidad horizontal, de poco servirá un poder vertical legítimo frente a un país en vías de fragmentación.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia