Legitimidad horizontal cada vez más débil

Agustín Saavedra Weise

12-05-2006

El 28 de mayo de 2004 publiqué una nota referida a los importantes conceptos de legitimidad vertical y legitimidad horizontal, en el amplio marco de la legitimidad global de una sociedad organizada. Manifestaba en esa oportunidad: “Ahora es común referirse a la legitimidad horizontal cuando ella se extiende a lo largo de todo el territorio de un Estado nacional y entonces se puede afirmar que la legitimidad horizontal es razonable y adecuada. Cuando ella es inestable o de bajo nivel se producen conatos de rebeldía a escala de regiones o de etnias esparcidas en el marco interno de ‘x’ comunidad política. Si la situación empeora, la propia sociedad política puede llegar a colapsarse o fragmentarse. Por legitimidad vertical los modernos politólogos entienden a ésta como la manera en que sus líderes han sido elegidos. Si la raíz misma de su poder emana del pueblo, de abajo arriba, entonces se dice que la legitimidad vertical es alta. La legitimidad horizontal tiene cierta dimensión territorial, mientras la dimensión vertical tiene más que ver con la pirámide institucional de mando. Pero ambas legitimidades refuerzan el sistema con su solidez o lo debilitan gravemente con sus carencias”. Lo vertical en Bolivia es mucho más fuerte hoy, casi dos años después, dado que por primera vez en mucho tiempo tenemos, desde el 22 de enero de 2006, un Gobierno elegido por mayoría absoluta y, consecuentemente, con alta integración entre gobernante y gobernados, con alta legitimidad vertical. En cambio, resulta preocupante que sigan bajos los índices de legimitidad horizontal y que éstos tiendan inclusive a disminuir aún más, y ya no solamente en la esfera que podríamos llamar nacional, sino en la dimensión menor de lo ‘intranacional’, sobre todo si tenemos en cuenta los crecientes, desmesurados, demagógicos y exagerados pedidos de creación de nuevos departamentos a costa de la actual división política boliviana, con las graves consecuencias que esto podría acarrear al desmenuzar todavía más una ya débil legitimidad horizontal. Como expresa el cientista político, K.J. Holsti, la legitimidad horizontal tiene que ver con la fortaleza de la sociedad expresada en el nivel de cohesión, aceptación y tolerancia entre diferentes grupos y comunidades dentro de la comunidad. Asimismo, Holsti identifica la causa del colapso de un Estado en la erosión de alguna de sus dos legitimidades. En el caso de nuestro país, tenemos una alarmante carencia de cohesión de la comunidad, que se traduce en un creciente debilitamiento de la legitimidad horizontal, aunque por ahora al menos se ha incrementado la legitimidad vertical. Muchas veces, políticas discriminatorias, mal llevadas a cabo o simplemente ineficientes, achican la lealtad de los pueblos y los divide a lo largo de lineamientos étnicos y regionales, acelerando así el posible derrumbe. La carencia, pues, de legitimidad horizontal es el principio de la desagregación; el que quiera mantener una unidad política debe hacer lo posible por revertir dicha falta de legitimidad, no por hacerla crecer. Espero que este tipo de situaciones extremas no prevalezcan en Bolivia y, por el contrario, la tendencia se revierta. Estamos a pocos meses de la Asamblea Constituyente. Por tanto, y salvo que se quiera tener un mamarracho como nueva Constitución o agregar factores centrífugos en lugar de crear un nuevo pacto social cohesivo, moderno y acorde con las realidades del siglo XXI, es hora de que todos los bolivianos nos unamos sobre la base de un propósito común (un mejor país) y hagamos realidad aquello tan repetido de memoria, pero tan sabio: la unidad en la diversidad.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia