En Francia, una rosa para la rosa: Ségolène Royal

Agustín Saavedra Weise

24-11-2006

Ha pasado casi desapercibido en Bolivia un hecho internacional de enorme gravitación presente y futura, lo que bien merece este breve comentario. Me refiero, específicamente, al reciente y aplastante triunfo –el pasado 16 de noviembre– en las elecciones internas del Partido Socialista francés de la abogada y destacada política Ségolène Royal, figura que se proyecta ahora como firme candidata por esa fuerza a la Presidencia de la República gala en las elecciones de mayo de 2007. Según Wikipedia, Ségolène Royal nació en Dakar, Senegal, el 22 de septiembre de 1953. Hija de Jacques Royal, militar, coronel de artillería, y Hélène Dehaye, viene de una familia de ocho hermanos. Su nombre completo (que usó hasta los 25 años) es Marie-Ségolène Royal. Desde finales de los años 70 es pareja de François Hollande, actual primer secretario del Partido Socialista, con quien tiene cuatro hijos. No se ha casado y tampoco lo piensa hacer, de acuerdo con unas últimas declaraciones que realizó luego de su victoria en la ‘interna’. La atractiva Ségolène podría llevar nuevamente al poder a los socialistas, que añoran los 14 años del último presidente de ese partido político, François Mitterrand (1916-1996), que gobernó entre 1981 y 1995. Se nota en la Francia de estos días un verdadero frenesí ‘segolenista’, impulsado últimamente por la enorme publicidad que la flamante aspirante a la Presidencia ha desencadenado y con ello, asimismo, ha generado un significativo apoyo popular. La rosa roja es el símbolo de los socialistas; ahora la rosa tiene su rosa y con ella, una formidable posibilidad de ganar las elecciones, no solamente por el desgaste de la derecha y del Gobierno de Jacques Chirac, sino también –fundamentalmente– debido al enorme carisma de la Royal. Evidentemente, estamos entrando en la etapa de las mujeres al poder y eso me parece excelente. Si bien hay una larga historia de mujeres con mando político que se remonta a los albores de la humanidad y sobre lo cual me explayaré en otra ocasión, es un hecho que muchos más gobernantes en este planeta han sido del género masculino. Vista la situación del mundo actual, los resultados globales del ‘mando machista’ no han sido muy buenos. Es, por tanto, la hora de darle plena chance para que nos gobierne el género femenino, que tiene notables figuras del pasado que brillaron con luz propia, y ahora –contemporáneamente– Ángela Merkel en Alemania, Michelle Bachelet en Chile y Nancy Pelosi en Estados Unidos, esta última actual presidenta de la Cámara de Representantes (Diputados), por citar solamente a las más destacadas y rutilantes del momento, replantean el creciente rol político del otrora llamado ‘sexo débil’. Ségolène ostenta, pues, enormes posibilidades de ingresar desde el año que viene al exclusivo club de las mujeres poderosas del mundo. La vieja Francia de Carlomagno y de los Capetos, de los normandos, de Napoleón y de Charles De Gaulle, tiene ahora su Juana de Arco del siglo XXI, impulsada por un socialismo democrático, modernizante y de avanzada. A no engañarse: Ségolène es guapa, carismática y tiene todos los atributos intelectuales para ser la primera mujer presidenta de su gran país, pero ¡ojo, eh!, no llegó donde se encuentra ahora solamente sobre esas bases. Es también una mujer dura, de enorme determinación y fuerte personalidad. Se proyecta como la ‘dama de hierro’ de franceses y francesas, tal como apodaron en su época a otra mujer que estuvo largos años en el poder: la británica Margaret Thatcher.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia