Acerca de los precios del gas

Agustín Saavedra Weise

13-01-2006

El tema de los precios del gas natural ha cobrado inusitada vigencia. Por un lado se habla de la necesidad de modificar ‘precios solidarios’ y, por el otro, el actual ministro del ramo ha expresado que los precios para Brasil y Argentina superan los tres dólares estadounidenses por millón de BTU (Unidad Térmica Británica, patrón internacional de medida para el combustible).
El Ing. Carlos Miranda Pacheco, una de las personas que más saben en Bolivia sobre esta materia, ha expresado recientemente: “Por la relativa facilidad de transporte del petróleo, este producto puede llegar a todos los confines del mundo y el precio se establece en pocos puntos del planeta, en casi un libre mercado, e inclusive se cotiza en las bolsas de valores. El petróleo es un ‘commodity’ con precios internacionales. Con el gas no sucede lo mismo. No existen cotizaciones internacionales del gas, éstas son establecidas regionalmente en localidades a las que confluyen muchos gasoductos que llevan la producción de los campos productores y se distribuye a los mercados consumidores”.
Sin ser experto en la materia, el caso es típico de lo que en teoría económica se denomina encuentro entre fuerzas monopólicas y monopsónicas. Como es sabido, el monopolio implica un solo productor o vendedor, mientras que el monopsonio es aquel comprador o demandante único. Encontrar un punto de equilibrio entre estos dos es difícil por las características propias de cada uno, ya que el monopolista quiere cobrar lo máximo y el monopsonista prefiere pagar lo mínimo. Como los dos tienen fuerza por sus respectivas condiciones de único demandante y único oferente, se corre el riesgo de un empate que los agote y no lleve a ningún acuerdo, en perjuicio de ambos. Ahí es donde ingresan la voluntad política y la manera de encontrar el balance razonable, el entendimiento constructivo, máxime porque los dos se necesitan mutuamente, tanto el que vende como el que compra.
En el pasado y durante los 20 años que duró el aprovisionamiento de gas boliviano a Argentina (1972-1992) se utilizaron –por consenso entre los dos países– novedosas fórmulas imaginativas preparadas por ingenieros especialistas, que permitieron el mentado equilibrio pagando, por un lado, precios razonables para el proveedor y obteniendo, por el otro, un producto a costos también razonables.
Reitero mi ignorancia técnica sobre estos temas, pero el sentido común indica que habría que explorar en el pasado reciente, y en las fórmulas empleadas en ese entonces, para lograr un entendimiento que satisfaga los legítimos intereses de Bolivia y los no menos legítimos intereses argentinos. Asimismo, y sobre esas bases, será posible ampliar el flujo de gas e inclusive pensar en la construcción de un nuevo gasoducto, en planes de largo aliento, basados en la confianza mutua, imprescindible por la cuantía de las inversiones en infraestructura que deben realizarse.
El tema de los precios del gas no es tan simple; no se trata de una mera cuestión de oferta y demanda en un mercado abierto. Es bastante más complejo el proceso, sobre todo en el Cono Sur. De ahí entonces la necesidad de enfoques inteligentes y novedosos para lograr así acuerdos y asociaciones de mutuo beneficio. Ojalá sea así pronto con Argentina y luego con nuestro otro gran monopsonista: Brasil.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia