Piratería: el eterno retorno de Henry Morgan

Agustín Saavedra Weise

17-02-2006

No hay lector –chico o grande– que no se haya solazado con lecturas y películas sobre piratas, bucaneros y corsarios, tanto con los actuales personajes de Hollywood como, en el pasado, con el temible y famoso Henry Morgan (1635-1688), pirata inglés que tomó y saqueó Panamá mucho tiempo atrás en una de sus correrías durante los antiguos conflictos entre España y el Imperio Británico, y realizó fechorías también en las costas de Cuba y Venezuela.
Piratería se define como el robo o la destrucción de los bienes de alguien. Es por eso que hoy hay piratería informática, piratería aérea (secuestro de aviones) y muchas otras formas de apropiarse indebidamente de lo ajeno. Todas esas modalidades delictivas tienen un origen común: la vieja cofradía de los verdaderos piratas que asolaban los siete mares ávidos de botines, ya que sus acciones fueron globales, no solamente en el Caribe.
La bandera con la calavera negra y las tibias cruzadas, que simbolizaban universalmente la piratería, cayó en desuso con la declinación de dicha actividad delictiva, pero la vieja piratería marítima en realidad nunca murió; es más, goza ahora nuevamente de otro triste auge, que se prolonga desde la década de los años 90.
Ataques de modernos piratas asolan los mares en el oeste de África y el sudeste asiático, convirtiéndose en una potencial amenaza para la tranquilidad oceánica. Ha habido también ataques en las costas sudamericanas, particularmente en Brasil. Buques mercantes y cruceros turísticos son asaltados en procura de mercaderías, dinero y lo que sea.
El triángulo de océano entre Malasia, Singapur e Indonesia es la zona donde más abordajes han ocurrido. En los últimos 15 años se suman ya por centenares los barcos que sufrieron en manos de contemporáneos herederos del legendario Henry Morgan.
Al igual que hace siglos, los piratas hacen flamear su característica bandera y se lanzan al abordaje –preferentemente por la madrugada– con sogas y anclas, pero esta vez tripulando sus propios, modernos y rapidísimos buques de asalto. Asimismo, sus garfios e implementos son de moderna tecnología, junto con sus sofisticadas armas. La propia oficina marítima británica aconseja tomar todas las precauciones, pero no resistirse, ya que en ese caso la situación podría tornarse incontrolable.
Las autoridades mundiales del ramo están muy preocupadas por el auge de la piratería en los mares en este tercer milenio y están estudiando todas las alternativas posibles para neutralizar un mal que cada día crece más.
Cualquier turista que realice un plácido crucero marítimo tendrá que tener presente entonces la posibilidad concreta de reeditar –en vivo y en directo, y no tan agradablemente– las andanzas de los piratas que deleitaron su infancia.
Lo único que faltaría en pleno siglo XXI, para reproducir todos los cuadros del pasado romántico de los viejos bandidos navales, sería la reaparición del mítico personaje de Emilio Salgari, Sandokán, el Tigre de Malasia, feroz enemigo del colonialismo y romántico pirata que robaba a los poderosos. Asimismo, del personaje de Lee Falk, El Fantasma o Duende que camina, acérrimo enemigo de los asaltantes del mar. Así completaríamos el surrealista y peligroso panorama que se da hoy en los océanos ante la vigencia revigorizada de la añeja piratería.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia