El fundamental tema del desarrollo sostenible

Agustín Saavedra Weise

24-02-2006

Para muchos, el concepto ‘desarrollo sostenible’ es solamente eso: un concepto que suena bien, está de moda y puede insertarse en el discurso de turno. No es así, el término encierra algo más profundo: la posibilidad de esforzarnos para lograr un mínimo balance entre la conservación de la naturaleza y las necesidades impostergables de desarrollarnos. De ahí lo de ‘sostenible’ o ‘sustentable’. En el pasado no existió tal cosa. Cuando había que hacer algo se lo hacía y punto, cayera quien cayera, destruyera lo que se destruyera. La humanidad pagó muy caro este tipo de conductas, como también aferrarse a los mitos y las supersticiones. Sin ir muy lejos, la terrible plaga que asoló Europa en la Edad Media fue fruto de la falta de felinos para combatir a los roedores. Los fanatismos religiosos habían ligado injustamente a los pobres gatos con el satanismo y éstos fueron sacrificados en centenares de miles. Al no estar presente el tradicional eliminador de plagas, el enemigo natural –las ratas– hizo de las suyas y propagó la peste. Murieron millones de personas. Moraleja: existe un equilibrio cuyos límites no podemos cruzar. Los gatos balanceaban a los roedores; en ausencia felina, el ratón proliferó excesivamente y ocasionó calamidades. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos. Y el hombre –el mayor depredador del planeta– poco a poco percibe que sus acciones deben ser racionales en el trato con el medio ambiente. Asimismo, la comunidad internacional ha ido fijando paulatinamente normas, regulaciones y disposiciones que, si bien no se cumplen por completo, ya son un avance consensuado sobre temas tan vitales como el calentamiento global, la deforestación, el uso del agua, la contaminación, etc. En el marco de esta creciente toma de conciencia han surgido grupos ecologistas extremos que postulan casi un retorno a las fuentes de la naturaleza, negando las posibilidades concretas de un desarrollo sustentable. Esto es inconcebible, pues al final se trata de la humanidad, de darle a hombres y mujeres mejores posibilidades de vida, progreso, empleos y bienestar. Tenemos que lograr un auténtico desarrollo sostenible, sin llegar al fanatismo de impedir que se hagan cosas buenas, so pretexto de preservar ‘pura’ la naturaleza, truncando así el progreso. Es por eso que los abusos que cometen actualmente varios grupos argentinos contra las papeleras que la República Oriental del Uruguay construye en la localidad de Fray Bentos merecen la atención de todos los bolivianos. Si los ecologistas se niegan a ultranza a que prosiga la construcción de esas plantas –aprobadas por el Banco Mundial e industrias de reconocida capacidad en materia de control ambiental– y si el propio Gobierno de Kirchner les hace coro dañando la tradicional amistad rioplatense, cuidado compatriotas que el día de mañana esos mismos grupos fundamentalistas quieran transformar toda la Hidrovía Paraguay-Paraná en un idílico lugar exclusivo para peces, flora y fauna. Nuestras posibilidades de desarrollo y de exportaciones se irían al tacho, como vulgarmente se dice. La solución: precisar con urgencia en la agenda nacional –real y objetiva– de un auténtico desarrollo sostenible que permita crecer en sano equilibrio con la naturaleza, pero sin los fanatismos que hoy se ven en la frontera argentino-uruguaya, clara advertencia de lo que puede venir por acá pronto si no se hace hoy lo que hay que hacer y si no se previene adecuadamente.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia