Bolivia y el retorno de la Armada Brancaleone

Agustín Saavedra Weise

19-05-2006

El filme La Armada Brancaleone (1966) –protagonizado por Vitorio Gassman– narra las aventuras de Brancaleone da Norcia, un honorable y pobre caballero medieval de la época de las cruzadas y de un heterogéneo grupo de aventureros que lo sigue unido por su interés en llegar a la hipotética roca de Aurocastro, un lugar repleto de abundancia. Para alcanzar ese ilusorio reino han de enfrentarse con pestes, con bandidos y con un sinfín de peligros inesperados. Camino de Aurocastro y a medida que avanza la singular cuadrilla, surgen episodios que trastocan sus planes. Cuando al fin llegan, las riquezas que esperaban se transforman en nuevas dificultades. Y todavía faltan por venir otros imprevistos. Hasta aquí la reseña de la película, que tuvo en su época singular éxito por ser una parodia de lo pequeño que ilusoriamente se hace grande y de lo inalcanzable que resulta, en la realidad, concretar fantasías creadas al calor del mero entusiasmo. Durante el primer Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997) hice una nota utilizando la metáfora de la Armada Brancaleone cuando Goni se alió con sus colegas de Perú y de Paraguay a fin de crear un eje diagonal de contrapeso a la creciente influencia del nuevo eje argentino-brasileño, que ya se perfilaba como pionero de lo que hoy es el Mercado Común del Sur (Mercosur). La intención de los tres pequeños era buena, pero faltó realismo y peso geopolítico. La cosa quedó en manos de mesas burocráticas que se extinguieron poco a poco. Desde fines del pasado mes de abril, asistimos en Bolivia a una nueva intentona de configurar otra especie de Armada Brancaleone, esta vez con Cuba y Venezuela. Al calor de diatribas comunes contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) que impulsa EEUU, surge el TCP (Tratado de Comercio entre los Pueblos) en el marco del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). De partida se observan nítidas diferencias entre los tres miembros de la flamante ‘armada’. Venezuela tiene sus petrodólares; nada menos que 200 millones de dólares por día le ingresan en ese concepto. Cuba tiene patente de supervivencia a través de su controvertido y ya legendario líder, Fidel Castro, que ha sabido superar el colapso del comunismo de la Unión Soviética (1991) y el cruel bloqueo estadounidense por más de cuatro décadas. Su situación no es la ideal, pero logró mantenerse y parece que lo hará hasta el fin de sus días, convenios más, convenios menos. ¿Y Bolivia? ¿Podrá Bolivia sostenerse solamente con el TCP? De partida parece que no, por la fuerte dependencia externa que agobia a nuestro país y por la falta de una racional explotación de sus recursos naturales, hasta ahora sin ser debidamente utilizados en beneficio del pueblo boliviano. Estructuralmente, Bolivia es mucho más débil, y prueba de ello es que en este acuerdo –como en tantos otros instrumentos multilaterales– se menciona explícitamente al país como ‘pobrecito’, como aquél al que hay que concederle franquicias especiales. No le veo gran futuro a esta nueva Armada Brancaleone, aunque quisiera equivocarme. Asimetrías y falta real de sólidos intercambios no dan mucho pie para hacerla viable. Además, si de aliarse se trata, pienso que siempre es mejor hacerlo con los más poderosos o, por lo menos, con los más compatibles. Siendo más que Bolivia, ni Cuba ni Venezuela representan mucho en el contexto internacional y no creo que a Bolivia le den objetivamente gran cosa, abundante retórica al margen. Esta nueva Armada Brancaleone hace mucho ruido, pero tiene poca sustancia. Al igual que a la armada imaginaria original y a la creada por el Gobierno de Goni con otros dos socios y en otro contexto, no le doy larga vida ni mucho éxito.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia