Bolivia: el retorno de la planificación

Agustín Saavedra Weise

24-03-2006

La nueva Ley de Organización del Poder Ejecutivo (LOPE) ha recreado la figura de un ministerio encargado del planeamiento nacional, esta vez con el nombre de Planificación del Desarrollo. Como en toda obra humana, serán los resultados los que den al final su implacable veredicto pero, en todo caso, conviene recapitular acerca del tema y de las especiales experiencias bolivianas del pasado en ese contexto. El último ejercicio verdaderamente prospectivo que se realizó en nuestro país fue la Estrategia para el Desarrollo Nacional (1971-1991) y nunca se supo, al final, qué pasó con ella, qué elementos eran útiles, etc. Este estudio se ha ‘perdido’ en las agitadas aguas de nuestra política interna, sin haberse aquilatado con objetividad sus alcances, pese a que fue el primer trabajo global realizado en nuestro país con los más modernos mecanismos de planificación existentes en esos tiempos. La estrategia para el desarrollo fue fruto de la idea de un brillante intelectual cruceño, que en esa época tenía solamente 29 años: José Ortiz Mercado, ministro de Planificación (1969) y anteriormente diputado nacional, luego ministro de Defensa, ex canciller y perenne defensor de la soberanía nacional sobre los recursos naturales y, en las últimas etapas de su ilustre vida, dedicado a la noble tarea de ser catedrático a tiempo completo como formador de juventudes. José, sensiblemente, ya ha fallecido. Se nos fue en la época en que Bolivia más necesitaba de su talento, cuando más nos hacía falta. En fin, así es el destino. Pues bien, José Ortiz y su grupo de colaboradores de ese entonces, entre los que se destacaba Flavio Machicado, tuvieron una visión estratégica y llevaron a cabo un trabajo que el tiempo ha convertido en paradigma. Desde el Ministerio de Planificación, planificaron de verdad. Reiterando, y como ha sucedido con tantos otros estudios nacionales, la estrategia se perdió en el polvo de los archivos olvidados y no se la ejecutó nunca. Ella fue pionera en su campo, y aun en nuestros días –transcurridas ya más de tres décadas– muchas de sus apreciaciones siguen siendo correctas. Así, a fines de 2002, señalé en un artículo alusivo a mi amigo José Ortiz: “Valoramos hoy la estrategia de 1971 no solamente por lo que fue en su momento, sino también por lo que puede ser en el futuro, obviamente cambiando lo que hay que cambiar y con la natural adaptación al tiempo y el espacio presentes y del inmediato porvenir”. Es importante –reitero– no olvidar lo sucedido, pues los difíciles momentos que vive ahora el planeta obligan a que los países piensen seriamente en su futuro. Bolivia, con su inmenso territorio y su escasa población, puede resultar siendo una de las naciones verdaderamente bendecidas para una transición feliz a lo largo de este siglo XXI, pues una adecuada explotación de nuestros recursos naturales y una sólida estabilidad política podrían darnos el ansiado cambio cualitativo para progresar social y económicamente. Una Bolivia con sus clases dirigentes inoperantes y disfuncionales estaría sujeta a situaciones límites harto peligrosas en este conflictivo mundo globalizado. De ahí entonces la necesidad urgente de enfocar los problemas con visión prospectiva, con un concepto estratégico claro. De ahí también la importancia del nuevo ministerio a cargo de la planificación. Su éxito o fracaso serán determinantes para el futuro nacional.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia