Vigencia integradora del río Madera

Agustín Saavedra Weise

09-09-2005

Allá por el año 1987 tuve el privilegio de prologar la importante obra del almirante Fernando Guillén Monje, El río Madera: su importancia geopolítica (Ed. Gramma, La Paz). En un reciente y grato encuentro con el autor, ambos coincidimos en que el tema sigue plenamente vigente y parece ser que esta vez, aunque sea con casi 20 años de retraso, las autoridades pertinentes están dispuestas a realizar cosas concretas en torno a uno de los principales afluentes del Amazonas que nace en nuestro territorio.
La obra de Guillén abrió una nueva ventana para estudiar y comprender esa extensa zona boliviana, que sigue hasta hoy marginada, sin abrir sus inmensas riquezas. Por otra parte, este libro abrió también en su época una veta entonces poco analizada: la perspectiva geoestratégica y geoeconómica de las grandes vías fluviales que surcan los llanos amazónicos y que podrían –con algo de esfuerzo e imaginación creativa– transformar abandonadas regiones en asentamientos de población con capacidad para afirmar nuestra endeble soberanía y generar crecimiento económico. Debemos reconocer que poco o nada se ha hecho hasta este año 2005; ojalá se haga algo pronto.
Como acertadamente señaló el almirante Guillén: “Este hermoso río (el Madera) parece señalarnos la estrategia de su utilización; es la llave del desarrollo de la parte de influencia de la cuenca amazónica boliviana, la que corresponde al 70% del territorio nacional. Es el desemboque natural de ese emporio económico hacia el Atlántico, es el eslabón geopolítico de las alternativas de nuestro futuro, es mediante su aprovechamiento que se restaría la dependencia a los puertos de Chile, aspecto que permitiría definir con ese país nuestra soberana salida al Pacífico en mejores condiciones de negociación, sin el agobiante estrangulamiento marítimo”.
Existen soluciones para la navegación mediante recursos que obviarían el problema de las caídas de agua (cachuelas) y paralelamente establecerían nuevas vinculaciones con Brasil, receptor de las aguas del Madera.
La posibilidade de contar con hidrovías de gran navegabilidad y fácil acceso es vital para Bolivia, si es que queremos ser competitivos y generar estímulos para las inversiones y la capacidad productiva. La hidrovía Paraguay-Paraná ya es una realidad; hoy transporta abundante carga, con halagüeñas perspectivas para el cercano futuro. Falta ahora hacer lo propio para abrir el portal amazónico que coadyuve así en la superación de la postergación de Beni y Pando, regiones ubérrimas pero sin adecuados medios de conexión.
El problema histórico de Bolivia para acceder a los grandes mercados internacionales ha sido –y es– fruto de las deficiencias de nuestras comunicaciones y de los altos costos de transporte. Toda Bolivia debería estar verazmente integrada mediante sólidos sistemas viales, ferroviarios e hidroviales. La triste realidad del cuerpo geográfico nacional es que aún no se cuenta en plenitud con esas vértebras esenciales. La clase dirigente, embrollada permanentemente en enfrentamientos estériles, no ha escarmentado ni recuerda las trágicas mutilaciones del pasado y los zarpazos de la historia. El país sigue prácticamente incomunicado o sujeto a permanentes bloqueos que destruyen lo poco que tenemos en materia de infraestructura. En nuestra Amazonia, el descuido es prácticamente total.
El transporte aéreo, con todo lo útil y vital que es, no integra sino vincula. La verdadera integración solamente se logrará con óptimas conexiones terrestres, lacustres y fluviales. Hay que unir al país, hay que lograr una eficiente explotación de los inmensos recursos con los que cuenta Bolivia y que, lamentablemente, aún no sabe aprovechar debidamente.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia