Se revaloriza un ex imperio

Agustín Saavedra Weise

20-05-2005

Al terminar la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se produjo la ‘débacle’ de varios imperios, entre ellos el ruso zarista, el otomano y el austro-húngaro. Este último pasó luego a ser satanizado y se lo mencionaba como ‘prisión de las nacionalidades’. Pasadas las euforias del pasado siglo XX y ya en la época actual, se asiste a una creciente revalorización de esta unidad política, algo sobre lo que creo vale la pena un comentario, sobre todo por las actuales circunstancias que atraviesa Bolivia.
El imperio austro-húngaro tenía su capital en Viena. Fue gobernado durante siglos por la dinastía de los Habsburgo. Una de las principales críticas geopolíticas que le han hecho a esta unidad multinacional era por lo excéntrica de su capital. Varios analistas consideran que el imperio hubiera tenido muchas más posibilidades de sobrevivir si los Habsburgo hubieran trasladado su capital a otro punto más cercano a su centro de gravedad, tal como Budapest o Belgrado. Y como ya lo dije en varias ocasiones, este tema de las capitales no es chiste; es algo muy serio. Sin ir muy lejos, Bolivia entera está pagando las consecuencias de tener una sede de Gobierno alejada de su centro de gravedad y prisionera de su geografía, como lo es la ciudad de La Paz.
Pero los designios de los vencedores reunidos en Versalles fueron, al final, los que determinaron el fatídico fin del imperio. En pleno auge de los principios de autodeterminación y de nacionalidades, Austria-Hungría fue descuartizada y se crearon varias unidades políticas menores, entre ellas una muy disminuida Austria y otra disminuida Hungría. La verdad es que el premier francés George Clemenceau y compañía lo que querían era tener un potencial enemigo menos al este y no afirmar principios; lo más fácil, luego de la derrota, fue entonces estigmatizar al imperio y destruirlo.
Hoy hay estudios que muestran a ese colorido imperio multinacional como verdadero ejemplo de unidad en la diversidad. Si bien vivimos épocas de globalización, es un hecho que el propio proceso globalizador ha traído consigo la generación de fuertes particularismos, particularismos que han creado varios estados nacionales nuevos, terminando con el último incorporado en 2002 a la Organización de las Naciones Unidas, que es el Timor Oriental (2002), ascendiendo así a 194 el número actual de miembros de la ONU. Solamente desde 1990 hay más de 25 nuevos estados incorporados a la comunidad internacional.
El imperio, con su mala sede en Viena, aún así fue el baluarte europeo que impidió la llegada de los turcos al corazón de Europa. Viena aguantó por largo tiempo el asedio de los otomanos. Luego y poco a poco, fue reconquistando las posiciones turcas en los Balcanes, incorporándolas progresivamente a su soberanía.
Bajo el manto protector de la monarquía, convivía un abigarrado grupo de musulmanes, alemanes, ucranianos, italianos, magiares, eslavos y otra amplia gama de nacionalidades y etnias. Fue la expresión más palpable de la unidad en la diversidad. Todas las comunidades eran autónomas; lo que las unía era el macroorden establecido por el imperio como esquema de unión y protección común. Fue necesaria una derrota en la guerra mundial de 1914 para destruir a este cuerpo político.
Ahora en 2005 y cuando en Bolivia se discute el tema de las autonomías y de los pueblos originarios, es bueno volver a analizar el fenómeno austro-húngaro, pues como ya lo expresé anteriormente, creo que todos podemos convivir en Bolivia manteniendo nuestras costumbres y tradiciones, como también inclusive con formas ‘sui géneris’ de administración comunal, pero siempre que respetemos un macroorden establecido, siempre que respetemos la estructura global de la República de Bolivia.
Sobre la base de este esquema de macroorden hay que trabajar para lograr autonomías plenas, ayllus y lo que cada cual quiera. Todo lo demás fuera de ese gran marco de unión nacional es dañino o potencialmente centrífugo. Hay varias lecciones que podemos aprender hoy del extinto imperio de los Habsburgo.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia