Los peligros de la 'apolaridad'

Agustín Saavedra Weise

29-07-2005

Desde las viejas épocas de la ‘pax romana’ hasta el momento actual de ‘pax americana’, los pueblos del mundo siempre se han rebelado contra la unipolaridad del poder, contra las realidades o pretensiones hegemónicas. Es más, en Europa se crearon diversos esquemas geopolíticos sobre la base del llamado ‘concierto europeo’ o ‘balance de poder’. La principal auspiciadora de este equilibrio fue siempre Gran Bretaña, tenaz opositora de la posibilidad de que una sola potencia continental controle Europa. Fue por eso que los ingleses combatieron contra Napoleón, en Crimea contra los zares rusos y, luego, intervinieron en las dos guerras mundiales. ¡Nada de superpotencias europeas! Era un sentir y una praxis que marcaban la política exterior inglesa. El Reino Unido decayó dramáticamente a partir de 1945. Su heredero político pasó a ser Estados Unidos, mientras en Europa la derrota de Hitler trajo consigo el advenimiento de una Unión Soviética poderosa que ocupó gran parte de Europa Oriental.
Al salir del mapa del juego de grandes poderes, Inglaterra, Francia, Alemania y Japón dejaron el campo libre para un ejercicio bipolar entre EEUU y la URSS. El colapso soviético de 1991 nos llevó al mundo que transitamos ahora: un mundo unipolar, con una superpotencia que intenta gestar un nuevo orden internacional y con el agregado, ahora, de su lucha contra el terrorismo internacional, una lucha sin fronteras, con un tenebroso enemigo invisible que ataca en cualquier lado, en cualquier parte y a cualquier hora. Esto hace que el coloso unipolar estadounidense deba ser cada vez más drástico en sus reacciones, cada vez más imperial en sus alianzas con socios menores y, por tanto, cada vez menos simpático a los ojos del mundo global.
Tal situación hace añorar en muchos el sistema de balance de poder. En varias ocasiones nos hemos preguntado cuándo surgirá un aspirante a rival de la superpotencia, sea una Rusia revitalizada, una Europa unificada con pretensiones militares o inclusive una China que cada día crece más. Para el futuro todo es posible; la realidad de 2005 nos demuestra un mundo unipolar que ya lleva así casi 15 años y que no muestra tendencia previsible de cambio, por lo menos para las próximas dos décadas.
Lo contrario de una potencia unipolar sería la ‘apolaridad’, es decir, la falta de poder. Tal cosa podría suceder ante una hipotética e inesperada debacle de EEUU o el aislacionismo de ese país. Y sí que vale la pena preguntarse si esto sería algo bueno o no. Creo que un mundo sin poder nos llevaría al caos, a algo similar a lo ocurrido en la Edad Media tras la caída de Roma hasta el afianzamiento de los Estados nacionales en Europa.
Un mundo ‘apolar’ en 2005 significaría estar en manos de terroristas, narcotraficantes, crimen organizado, contrabandistas y demás pestes civilizadas y barbáricas. Significaría mayores conflictos civiles y potenciales genocidios, caos en casi todos los órdenes. El dominio estadounidense impide de alguna manera estas eclosiones, aunque su accionar provoque otras, como viene aconteciendo en Irak. Al final, un poder unipolar es mejor que la ‘apolaridad’, o la posibilidad de que ésta ocurra. Lo que se observa en el mundo como posible no sería nada agradable si no hubiera alguien que impone orden, aunque sea ‘su’ orden.
Idealmente, el planeta debería marchar hacia el equilibrio y sana pugna de dos o tres superpotencias; creo que hay espacio y juego geopolítico para tal esquema. Por ahora estamos en un mundo unipolar, pero debemos prevenirnos de los males de la ‘apolaridad’, de la falta de poder. Un mundo ‘apolar’ puede ser muy peligroso y tremendo, mucho más preocupante y dañino que el unipolar actual.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia