La fábula de la gallina de los huevos de oro

Agustín Saavedra Weise

21-10-2005

Según narra la fábula de Esopo, cierto hombre tenía una gallina que cada día ponía un huevo de oro. Creyendo encontrar en las entrañas de la gallina una gran masa del metal precioso, la mató; pero al abrirla, vio que por dentro era igual a cualquier gallina. Fue así como, impaciente por conseguir de una vez gran cantidad de riqueza, se privó él mismo del fruto abundante que la gallina le daba y que le hubiera seguido dando de por vida. Moraleja: es conveniente estar contentos con lo que se tiene y huir de la insaciable codicia, no pretender más de lo que ya se recibe en forma razonable.
Félix María Samaniego (1745-1801) reproduce la legendaria fábula de la antigua Grecia en una versión un poco más contemporánea y explícita: “Había un labrador pobre, muy pobre. Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo: -Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.
El enanito desapareció y el labrador llevó la gallina a su corral. Al día siguiente encontró un huevo de oro. Lo puso en una cesta y marchó hacia la ciudad, donde vendió el huevo por un alto precio. Al día siguiente, loco de alegría, encontró otro huevo de oro. ¡Por fin la fortuna había entrado a su casa! Todos los días tenía un nuevo huevo. Fue así que poco a poco, con el producto de la venta de los huevos, fue convirtiéndose en el hombre más rico de la comarca. Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa de su corazón y pensó: ¿Por qué esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré la mina de oro que lleva dentro. Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina, sino tripas y entrañas A causa de la avaricia tan desmedida que tuvo, este tonto aldeano malogró la fortuna que tenía”.
Aunque muy conocida, esta tradicional saga no siempre es asimilada o recordada; vale la pena hacerlo ahora ¿Por qué? Por la sencilla razón de ser la Bolivia de hoy un ejemplo típico del realismo de una historia tan pedagógica.
Nuestro país ha descubierto su gallina de los huevos de oro: el gas natural y la irrefrenable demanda de ese hidrocarburo por parte de nuestros vecinos y de ultramar. Solamente este recurso y su asegurado mercado, usado y administrado moderadamente, ya nos garantiza un futuro venturoso. En lugar de contentarnos con semejante bendición y realizar todos los esfuerzos para continuar el proceso, estamos a punto de hacer lo mismo que hizo el campesino ignorante y codicioso: abrir a la gallina para encontrar la veta y con el peligro de quedarnos sin nada.
Si la gallina solamente tenía en su interior lo que toda gallina tiene, en Bolivia –por la prédica demagógica en torno a las inversiones en el sector hidrocarburífero, por las reiteradas tomas de campos y cierres de válvulas, por pretendidas medidas de estatización y “nacionalización”, etc.–., al final estamos haciendo lo mismo: por querer tener más de nuestro tesoro comprobado, podemos quedarnos sin nada ante la pérdida de confianza de nuestros potenciales clientes y como resultado de hurgar tanto el avispero.
Sí, estamos “ad portas” de un paralelo con el desenlace trágico de la historia de la gallina de los huevos de oro. Ojalá no suceda lo mismo, ojalá Bolivia no pierda esta oportunidad que Dios y la naturaleza le han brindado. Todo dependerá de la insensatez o de la inteligencia con que se trate el tema del gas en el Gobierno que nos regirá desde enero 2006.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia