Hogiers Parejas y su querencia encantada

Agustín Saavedra Weise

23-12-2005

El atinado comentario de don Marcelo Suárez del pasado 12 de diciembre en el Diario Mayor, ya le hace un merecido homenaje al buen amigo Hogiers Parejas Áñez y a su último libro Santa Cruz, mi querencia encantada. Esta obra ha sido editada por el Fondo Editorial del Gobierno Municipal de la ciudad y mereció el Premio Nacional de Literatura 2004 en el género ensayo.
Alguna vez escribí que mejor que matar a alguien es matarle sus recuerdos. Quien no tiene memoria del pasado, quien no sabe lo que es, ni sabe de dónde viene ni cómo llegó a lo que hoy es, podrá estar vivo en muchos aspectos, pero su alma está muerta. Son los recuerdos la marca indeleble de la identidad, de la tradición, del saber lo que uno es, lo que fueron los que estuvieron antes que nosotros. También a los pueblos se los puede aniquilar al arrancarle sus recuerdos, la memoria colectiva.
Por otro lado, muchas veces los pueblos se matan literalmente a sí mismos al perder sus recuerdos en el tráfago frío y dinámico del progreso. Ha sucedido en otras latitudes y corremos el riesgo de que suceda en Santa Cruz de la Sierra. Pero por suerte para nosotros y para los que vendrán, hay hombres como Hogiers, hay seres que con dedicación y amor cultivan la llama de los recuerdos, la imagen de lo que fue, para que así entendamos mejor lo que somos.
Modismos típicos, historia, imágenes de antaño, personajes peculiares y expresiones populares son la ‘creme de la creme’ del libro de Parejas, de lectura amena, pues está escrito de la forma en que todos los que saben lo hacen: con sencillez y sin complicaciones.
Contra todos los agoreros, contra el mismo rumbo ineluctable del progreso, contra las migraciones masivas y contra todo lo que se les ocurra, tanto el departamento de Santa Cruz como su capital, Santa Cruz de la Sierra, han mantenido su identidad propia y fundieron en ella –mediante rico crisol– a las diferentes masas de personas del interior y exterior que vinieron aquí procurando un mejor destino. Se los asimiló a todos y sin dificultades, sin problemas de ninguna naturaleza. Eso sí, hubo una tendencia al olvido, no faltaron algunos que consideraban ‘parte del atraso a superar’ el rememorar costumbres y tradiciones; inclusive no era ‘apropiado’ hablar de cierta manera, a la vieja usanza camba. Por suerte –reitero– gente como Hogiers ha impedido esa castración de los recuerdos. Él, con su permanente trabajo acucioso, nos mantiene vivas las imágenes de un pasado que jamás debemos olvidar y más bien hay que atesorarlo como bien preciado.
Invito a ustedes, amigos lectores, a que se encuentren con esta última obra de Hogiers Parejas, sin descuidar sus no menos interesantes producciones anteriores. Para aquéllos que recuerdan, la lectura los refrescará, les provocará nostalgia y a ratos hasta los divertirá. Para los olvidadizos voluntarios e involuntarios de nuestro pasado cruceño y de sus nobles tradiciones, la lectura se hace imprescindible y obligatoria.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia