Gas y algo difícil: recuperar la confianza

Agustín Saavedra Weise

22-07-2005

No soy experto en temas de hidrocarburos. Tan sólo creo tener el modesto sentido común de cualquier persona acerca de la importancia del gas como potencial nueva riqueza boliviana, factor de diversificación industrial y componente exportador fundamental. Por otro lado, es un hecho que el gas apenas llega a la población, y lo hace de forma rudimentaria. Mientras se habla de exportar gas, inclusive a Saturno, se olvida al pueblo, que no tiene gas y que se maneja con garrafas precarias; no se hacen ni se hicieron las cosas que se debían hacer. Hasta en materia de gas vehicular todavía estamos poco avanzados; pero en fin, lo importante es que Bolivia tiene gas de sobra y con un horizonte de tiempo lo suficientemente amplio como para abastecer con creces las necesidades propias y las de los países vecinos.
Sin embargo, Bolivia carece de algo fundamental, y aunque estas cosas no gustan, pues preferimos vivir ilusionados, son de alto realismo y voltaje. Bolivia carece de confianza, no es un proveedor confiable debido a sus permanentes conflictos, ilegales tomas de pozos y cierre de válvulas, agregando a ello una alarmante inseguridad jurídica con constantes cambios de las reglas del juego. Esto no solamente espanta y atemoriza al inversor extranjero; lo más lamentable es que espanta y atemoriza a los potenciales (y necesitados) compradores.
El gas no se adquiere solamente para usarlo de inmediato. El gas genera una cadena sumamente importante, ya que a partir del fluido se calientan hogares, se encienden turbinas, se generan industrias derivadas, etc. El gas resulta ser el principio de todo un complejo de inversiones cuantiosas y de plazo extendido que el comprador debe planificar sobre la base, absolutamente segura, de contar siempre con abastecimiento sin problemas, agregando a ello el cambio de matriz energética y el consiguiente costo de oportunidad entre abandonar lo tradicional –como el caso de Brasil con el fuel oil– e ingresar en el campo del gas. Todo, todo eso, requiere mucha, mucha plata. Por encima de ello, como un elemental manto protector, está el factor confianza. Quien compra tiene que confiar en el proveedor, ya que una falla –por mínima y temporal que sea– puede serle catastrófica.
Y, lamentablemente, confianza es lo que Bolivia ha perdido. Creo que el daño más terrible que le han hecho al país los movimientos fascistoides (mal llamados ‘sociales’) de los últimos tiempos ha sido destruir la ya de por sí precaria confiabilidad que ostentaba Bolivia como abastecedor.
No en vano ha surgido el esquema del ‘anillo energético’ de Chile y Argentina, emprendimiento que, más allá de sus obvias implicancias geopolíticas y geoeconómicas, tuvo su origen en la falta de confianza en Bolivia. Verdaderamente lamentable.
Y la confianza, cuando se pierde, es muy difícil de recuperar, por lo menos a corto plazo. Un quebrado no accede al crédito a menos que un solvente lo avale. Siguiendo la misma línea, creo que Bolivia precisará un avalista para garantizar que es confiable como fuente proveedora de gas. Sólo así se podrá derribar el muro de incertidumbre que una penosa demagogia levantó tan rápidamente en contra de nuestro país. Pero claro, si se sigue hablando de nacionalizar hidrocarburos y otras frases por el estilo, no habrá nadie que quiera actuar como aval. Los potenciales clientes seguirán comprando cantidades de coyuntura pero, casi con seguridad no se animarán a embarcarse en programas de largo aliento sobre la base de un volátil ofertante.
La recuperación de la confianza es tarea fundamental. Sola o acompañada, Bolivia debe probar que es confiable, que cumplirá sus compromisos y que sus clientes pueden depender de ella para que sea el centro energético subcontinental. Mientras no se recupere la confianza, todo el tecnicismo y ‘expertise’ del mundo no sirve ni servirá de nada.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia